Dignidad, legitimidad

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Por Rubén Darío Ceballos

Enfrascarse en el poder por el poder o en la acumulación de riquezas sin que medie en ello el interés general, nos traslada a la prehistoria, cuando importaba la lucha por la supervivencia, por los recursos naturales, por las tierras productivas o el dominio de unos grupos sociales sobre otros, con los favorecimientos que ello connotaba en sus aspectos más ruines. No obstante, hoy, a pesar de los avances de la humanidad, persisten la trata de personas, el genocidio, el feminicidio, los homicidios a gran escala, en los que se arrebata la vida como si nada significara.

La voracidad de la economía sigue sin límites, la inequidad y la desigualdad son aberrantes, apenas un muy bajo porcentaje de la población posee más de las dos terceras partes de la riqueza que se genera anualmente, y los más pobres en un alto porcentaje carece de lo más necesario para poder vivir, lo que desgraciadamente se hace posible en nuestros pueblos dada la corrupción que nos agobia y se aprovecha de las víctimas de este injusto, inequitativo y desigual sistema que a través de sus “líderes”, solo deja residuos entre los asociados para así mantenerse y tener todo el sistema funcionando en favor de sus intereses.

Es por ello que debemos invitarnos al ejercicio de la política, esa noble actividad humana destinada por antonomasia a la conquista del poder y que hemos desvirtuado, pero que en esencia encuentra legitimidad en la medida que enfrenta estos desafíos y los vence sin contemplaciones; sólo así se podrá consagrar la democracia y los derechos humanos en el camino de gozar de una vida mejor. Debemos luchar por hacer realidad la democracia, ir tras el derecho a la dignidad humana, el debido proceso, la defensa de la vida frente a los criminales en todos los niveles, del patrimonio ganado con honestidad, la salud pública y privada, el libre ejercicio profesionales, vida digna y bienestar colectivo, luchas que exaltan más allá de los cargos burocráticos y mezquinos intereses particulares.

En todo esto, en lo que debemos estar alertas, es importante a todas luces la solidaridad general en todos nuestros pueblos y escenarios que nos conforman, en y con la finalidad de garantizar y defender los derechos de todos, propósito en lo que se obliga e impone sin dilaciones no tardanza, luchar por que la institucionalidad y todo cuanto la concierne, funcione como debe y tiene que ser, esto es, con los estándares promedio (y ojalá mejores) de una democracia consolidada, lo que obliga a que bajo ninguna circunstancia perdamos de vista quiénes son los verdaderos adversarios a vencer. Esto nos concierne a todos, por lo tanto, debemos actuar en consecuencia, manos a la obra sin tardanza.

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