No enreden la recuperación

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Por Cecilia López Montaño

La actitud de dirigentes nacionales y de la región Caribe es absolutamente contradictoria, y con sus posiciones le han creado una barrera a la recuperación económica del país y de la Región. Si algo está claro es que el sector rural es el único que puede reaccionar rápidamente y sacar a la economía colombiana del bajonazo en que está. Muchos analistas coinciden en que esta recuperación de las actividades agropecuarias puede jalonar de inmediato una reactivación de la agroindustria, mientras otros sectores industriales no presentan a corto plazo estas posibilidades.

Las razones de esperanza son abundantes, entre otras, la tasa de crecimiento actual del sector rural cuando muchas de las políticas necesarias o no han comenzado o van a un ritmo lento. Sin duda la paz, que desafortunadamente todavía no es hecho generalizado en el país, pero si es una realidad en otras, sumada a la tasa de cambio favorable a las exportaciones, sí han contribuido a que el PIB crezca, aunque a niveles muy bajos. Además, las perspectivas de incremento en la demanda mundial de alimentos son evidentes, no solo por el crecimiento de la población, sino por el cambio en las demandas de países emergentes que diversifican su dieta con muchos de los alimentos que pueden producirse en Colombia. Estas posibilidades también se extienden a alimentos procesados.

Ante este panorama positivo que ningún otro sector muestra tan claramente, grupos de poder relacionados con la tierra, han salido a crear serias talanqueras a estas posibilidades reales, simplemente para mantener estructuras de tenencia de la tierra que son más feudales que capitalistas. Se olvidan que esta absurda concentración de la tierra en Colombia no cambia, por lo menos desde el censo agropecuario de 1960.

Aumenta la tierra cultivada, pero el 30% o más de los predios tienen más de 1.000 hectáreas, es decir, están en manos de pocos latifundistas, y el 4.5% de estos predios tienen menos de 5 hectáreas y allí están millones de campesinos. Sin embargo, quienes históricamente han producido los alimentos que consumimos son estos pequeños productores hasta que gracias a la Apertura del gobierno Gaviria, perdieron un millón de hectáreas (MTC, 2015). El costo ha sido la importación de alrededor de 10 millones de toneladas de alimentos.

La legalización de predios y el acceso a la tierra de estos campesinos son críticos para la recuperación del campo y de la economía, sobre todo, en el Caribe. A pesar de ello, los grandes empresarios se han atravesado de manera tal, que el proyecto de Ley de Tierras los favorece y frena la posibilidad de nutrir el Fondo con los baldíos, muchos ocupados por grandes productores. El gobierno les concede amnistías, y declara la extensión de dominio como la última instancia después de haber agotado todo lo demás. Así no habrá ninguna posibilidad de recuperar la producción de alimentos ni el crecimiento de la economía regional y nacional.

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