Tejiendo sueños

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El arte de tejer el mimbre va más allá de un negocio generador de finanzas para esta familia, día a día tejen no solo los muebles que hacen parte de su vitrina, también entrelazan sueños, formando con cada uno de sus hilos, el lazo de amor que reúne a su hogar.

Por Paola Murillo

Silvania es un municipio que se encuentra ubicado en el departamento de Cundinamarca, en la parte central de Colombia, a 45 kilómetros de la capital. En este hermoso y turístico lugar nació la idea de crear una microempresa artesanal para el sustento diario de la familia de Yaneth Guevara, una artesana que decidió luchar de la mano de su esposo y apostarle al mercado del mimbre.

El mimbre es un producto totalmente natural, es una fibra vegetal que se consigue a partir de un arbusto procedente de la familia de los sauces. Su elaboración y tejido cuenta con una larga tradición, de hecho, ya en la Edad Media se empleaba, entrelazado, en el arte de la cestería. Ese árbol se cultiva y dura más o menos un año para empezar a producir las varitas utilizadas para el trabajo artesanal.

En la carretera Panamericana que cruza el pueblo, tanto María Yaneth como sus demás habitantes aprovechaban para vender sus productos de un lado para el otro. Es un lugar donde pueden comprar artesanías, muebles hechos de mimbre, bambú y guadua e incluso, variedad de alimentos.

Sin embargo, a comienzos de 2002 se presentó una profunda caída de la demanda de mimbre, María Yaneth y una parte de los artesanos de la zona dejaron de comprar el material que utilizaban en sus muebles, lo cual puso en jaque los esfuerzos por recuperar esa producción tradicional. Los problemas de seguridad en las carreteras estaban a la orden del día por la presencia de los guerrilleros, quienes ya habían advertido a algunos pobladores que se ‘prepararan’ para la toma. Desde ese momento, muchos empezaron a abandonar sus casas.

En los días previos al 1° de abril la única posibilidad que tenía la Fuerza Pública para llegar a la población era por vía aérea. Con este cerco, las Farc también buscaban impedir la salida de los paramilitares y por ello, identificaban a los pasajeros de todos los vehículos que salían, querían evitar que los ‘paras’ se infiltraran y huyeran, María Yaneth y su familia vivieron en carne propia todo el caos y la violencia que se presentaba para ese entonces, por lo cual no tuvieron otra opción, abandonar su hogar y con él, su negocio.

La primera parada que hizo la familia fue la ciudad de Barranquilla. “Cuando llegamos, el proceso fue proceloso, conseguir a dónde íbamos a instalarnos”, manifestó Guevara; el papá de su esposo le hipotecó la casa que se había dejado en Cundinamarca al banco; y María Yaneth junto a su pareja se comprometió a pagar las cuotas. Durante mucho tiempo lucharon para no perder ese pequeño patrimonio, sin embargo, ello fue imposible.

UN NUEVO COMIENZO

Se instalaron en el barrio Las Nieves de la ciudad de Barranquilla, ahí en la terraza de lo que era su hogar, exhibían las mecedoras y sillas que tenían a la venta, sin embargo, como estaban recién llegados en el sector no contaban con la clientela suficiente para responder por las cuotas del arriendo y los servicios, gastos básicos para todo aquel que no cuenta con casa propia. Además, como era un negocio familiar se le debía pagar a cada uno de los miembros para que sufragaran necesidades.

Al no tener clientela, se vieron obligados a trabajar en otros sitios alternos para sobrellevar los gastos. Las mecedoras de mimbre que hacían, se vendían al por mayor, pero tampoco tuvieron un gran auge, “no vendíamos nada, mientras conocíamos la plaza y ganábamos clientes, fue muy duro”, comenta María Yaneth, quien añade, que pasaron días muy difíciles, a veces sin servicio de agua o luz, pero eso nunca permitió que se apagaran los sueños y el deseo de seguir con el trabajo artesanal.

Fue esa ilusión y esa esperanza que decidieron emprender nuevos rumbos hacia el municipio de Ciénaga.

Al llegar a Ciénaga, la familia de Guevara no tenía capital, habían arribado en calidad de desplazados por la violencia en Cundinamarca, lo cual los ponía en una situación de absoluta vulnerabilidad. El papá de su esposo por ser la cabeza del hogar decidió venirse primero a organizar todo lo necesario para asegurarles al menos un lugar en donde dormir a sus parientes.

SU NEGOCIO

El objetivo era seguir con el negocio del mimbre así que empezaron a gestionar el transporte del material. De Armenia se envía la guadua; de Ibagué, el mimbre; se trata de unas fincas que se dedican a cultivar ese tipo de árboles, no obstante, a ellos les exigen como en cualquier cultivo, el cuidado y el control de calidad y los artesanos les compran el material.

El negocio se posicionó rápidamente, fueron los pioneros en llevar este tipo de arte a Ciénaga, fue bien recibido por los locales y foráneos. Antes, demoraban un mes o dos meses sin vender nada. “Gracias a Dios, ahora nos está yendo mucho mejor”, manifestó Yaneth.

Al estar ubicados en la autopista, la clientela llega de un lado o del otro. Como si se tratara de una estrategia especial de ventas, la familia Guevara utilizó todas sus herramientas para progresar en este negocio. “Siempre estuvimos buscando una vía o algo donde fluyeran muchas personas para mostrarnos más y así empezar a tener clientes”.

Desde entonces, María Yaneth y su familia han tenido clientes de nombre reconocido como es el caso del hotel en Palomino, The Dreamer Hostel, “hace cuatro años le hicimos un juego de comedor al Dreamer y al hacerle mantenimiento este año, solo tuve que lavarlo y limpiarlo porque aún estaba en muy buen estado”. Además de la durabilidad de este tipo de muebles, sus precios son asequibles, teniendo en cuenta la vistosidad y la calidad que los caracteriza. “Un juego de sala con cojines cuesta alrededor de 2 millones 500, son muebles que tienen una duración de unos 30 años”, afirmó María Yaneth.

Se debe tener en cuenta al crear una microempresa es avalar todos los ingresos y salidas para ponerles un precio a los productos, se analiza el costo del material, que por lo general no es muy elevado, “lo que le sube el costo es el transporte, nos ha tocado sacar préstamos en el banco para traer los envíos”.

Con el 50 % que le pagan por adelantado, se compran todos los materiales que se van a necesitar para el pedido, el restante siempre es dividido en partes iguales con el equipo. “Siempre hemos tenido presente que lo que nos abonan lo guardamos como algo sagrado para no quedarle mal a nuestros clientes”, puntualizó Guevara.

EL PROCESO

Los hombres artesanos de la familia, especializados en el arte de la cestería de mimbre, trabajan sentados en una silla baja disponiendo al alcance de la mano lo necesario para su tarea, la cual se lleva a cabo de forma totalmente artesanal al no disponer de más herramientas que sierras, tijeras, tenazas, cortantes, reglas, mazas, navajas y punzones.

Cortan con unas tijeras el extremo superior o punta del mimbre pasando a dividirlo en tres o cuatro partes mediante un cuchillo para obtener las tiras e iniciar la confección de los cestos por la base que se soporta en dos o más mimbres enteros, según la cesta a elaborar. Una vez terminado el fondo se pasa a elaborar el cuerpo del cesto colocando las tiras horizontales, para cada determinado número de las mismas y situar otras de mayor tamaño para lograr más solidez de la pieza hasta su terminación. La parte superior se remata con tiras más gruesas.

“Las mujeres hacemos los acabados y los hombres se encargan del trabajo duro como cortar y armar”. El trabajo de las matronas consiste en darles un ligero color introduciéndolas en una mezcla de agua con anilina e incluso, si el cliente lo desea, barnizando las cestas, aunque, según María Yaneth, prefieren comprarlos del color original del material, puesto que les da una imagen más natural y fresca.

LOS MATERIALES

Las fibras naturales siempre han sido materiales muy valorados en la decoración. El mimbre, el bambú y el ratán son los más utilizadas por María Yaneth y su familia, además, son las más apreciadas, debido a su versatilidad, resistencia y calidez.

El ratán, aunque parece un tipo de material delicado, es bastante resistente como lo es la madera. Esto se debe a que tiene un núcleo central muy sólido que hace que la resistencia sea mucho mayor y, por ende, sea más difícil que se rompa.

Sus principales virtudes son: la robustez y la duración, es muy ligero. Además, no requiere de cuidados especiales, es fácil de trabajar y de manejar, se puede lavar. También es transpirable, característica que lo convierten en una opción ideal para emplear en aquellos objetos que deban estar al aire libre. Las vallas y cerramientos de brezo para terrazas son un buen ejemplo.

María Yaneth Guevara, artesana.

Por su lado, el mimbre cuenta con características muy especiales, como su flexibilidad casi perfecta; se trata de una planta que crece en zonas de campo de forma natural, lo que le confiere unas capacidades especiales y resistencia superior a otros elementos similares.

La forma habitual de trabajar el mimbre es realizar trenzados machacados para que formen un cuerpo único y resistente. Estas trenzas se van entremezclando para obtener estructuras adecuadas y conseguir el objeto o mueble deseado, cosiendo las uniones mediante hilo de grosor intermedio o grueso.

La guadua es una planta de la familia del bambú, con ella se pueden construir casi todos los elementos de una casa. Es de muy rápido desarrollo, toma de 4 a 6 años para madurar y comienza su proceso de descomposición a los 10 años.

El bambú es una caña larga y estilizada que crece en zonas húmedas y calurosas, su semilla demora más de 7 años para germinar, Sus raíces son tan fuertes, que ellas frenan la erosión que carcome a la tierra, pues no permiten que en épocas de lluvia el piso se desmorone.

Otra de las ventajas del mimbre, el bambú y el ratán es que son capaces de aportar una gran calidez a cualquier espacio de interiores. Su textura y su forma artesana hacen que sillones, mesas y cabeceros de mimbre aporten al salón o al dormitorio un aire cálido y especial.

Si bien los muebles de mimbre se identifican con el jardín, también existe mobiliario de interiores fabricado con este material que no desentona en absoluto con la decoración de las estancias, porque son ligeros; los muebles de mimbre se pueden sacar al jardín cuando se usan y luego volver a guardarlos bajo techo, Además de su uso en mesas y asientos, el mimbre es muy utilizado para la construcción de cestas y en todo tipo de recipientes.

De este modo, se aprovecha la solidez de las estructuras que permiten fabricar, la comodidad para el transporte y su bonito aspecto, que combina bien tanto con decoraciones de estilo moderno como con otras más rústicas.

Los hijos de María Yaneth también colaboran en el taller, con esa microempresa llena de sueños han podido sacar adelante a varias familias, no solo la de Guevara, están sus hermanos, y sobrinos quienes también han podido disfrutar los buenos momentos y vivir lo no tan buenos juntos. Otro de sus sueños es arreglar la casa en la que viven, hacer el segundo piso con guadua, y tener una bodega grande donde se pueda almacenar todo el material. Sus planes tienen como objetivo crecer, no solo como empresa sino como familia, manteniéndose unidos como lo han hecho hasta hoy.

LIMPIAR Y BARNIZAR OBJETOS DE MIMBRE

Una de las mayores desventajas de los muebles y recipientes de mimbre radica en que su estructura acumula mucho polvo entre sus fibras trenzadas. Por este motivo, exigen una limpieza frecuente.

El modo de limpiarlos varía acorde con las fibras, si permanecen al natural o si han sido barnizadas. Si no tienen ninguna cobertura, lo más conveniente es pulverizar sobre su superficie con una mezcla de agua y jabón natural, luego, aplicar sobre ella un cepillo de púas. En caso de que sí esté barnizada, se puede utilizar una limpiadora de vapor. Para una limpieza más superficial, se puede usar una aspiradora o un plumero, pero las limpiezas profundas se deben realizar con bastante frecuencia, sobre todo, si la estructura está expuesta a corrientes de aire.

Barnizar los muebles de mimbre es una tarea sencilla. Lo aconsejable es aplicar el barniz con pincel o pistola, tras haber limpiado de forma minuciosa el entramado de fibras. En el mercado se comercializa un barniz especial para mimbre, que se adecúa a sus características y tiene un secado muy rápido. De este modo, el mueble o recipiente queda reluciente, más atractivo a la vista y, además, más resistente a la erosión de las condiciones ambientales.

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