El cambio que requerimos

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Por Saúl Alfonso Herrera

El cambio que requerimos debe venir de la mano de un proceso coherente donde la ciudadanía tenga voz protagónica, porque las distintas facciones políticas deben garantizarle procesos limpios y abiertos, mediante los cuales expresarse libremente, previo el análisis de las propuestas que se viertan sobre el tapete.

Con tal proceder, la sociedad, aunque escéptica de los alcances de la clase política a la que percibe como una continuidad de la brecha que separa lo político de lo ciudadano, tienen así mayores probabilidades de ejercer en mejor forma su razón de ser, hacer y quehacer ciudadano.

Requerimos en tal o tales procesos, partidos disciplinados, fuertes, que rindan cuentas, estructurados de base a cúpula, que no sean comités de campaña, con llegada a la gente, capaces de conseguir tránsitos reales y consistentes de deliberación inclusiva, participativa y activa.

Partidos en capacidad de ponerse al frente de las más difíciles situaciones, fijar nuevos rumbos, vencer resistencias, darse democráticamente su propia dirigencia y orientación. Propender por darle oportunidad a una mayor inclusión en las definiciones. Asumir acuerdos en consenso, tener liderazgos legítimos. Impulsar agendas de negociación inclusivas con mayor apertura para la gente. Condenar las evasivas y tener más presente a la gente. Generar credibilidad y confianza en la ciudadanía e invitarla a la deliberación y a la reflexión.

Preocuparse por alcanzar desde la estructuración y la coherencia los fines propuestos. Concederse tiempo y márgenes para reconstituir unidad. Obligar a los gobernantes, sean cuales fueren, a producir resultados en modo positivo. Exigirle a la clase dirigente un viraje sustancial, concentrada en plantear soluciones de fondo como las que requerimos en todas nuestras instancias. Salirle al paso a los malos manejos, a la corrupción, a los desmanes, a los desgobiernos, así como abonar con hechos positivos y derroteros mejores las adversidades que padecemos en ruta a superar el momento de honda crisis por el que pasamos y sufrimos todos como sociedad.

El cambio que necesitamos requiere superiores impulsos, honestidad manifiesta, probidad, cero corruptelas, ideas mejores, arrojos, decisiones y definiciones que consulten las propias realidades. Voluntad política, visión y consenso. Abordar política y administración retos comunes. Tener una administración independiente, profesionalizada y sin injerencias ni intereses espurios. Una función pública libre de ataduras políticas para que realmente sirva a los intereses de los ciudadanos y de la sociedad.

Desde este convencimiento, bien vale un camino hacia ese cambio de modelo ya que, como sociedad, es mucho y más lo que nos jugamos, máxime cuando no hay nada que influya más en el hoy y mañana de una unidad territorial que la buena salud de su Administración Pública y cómo es gestionada por sus gobernantes. Con razón se afirma aquello que si lo público funciona bien le interesa no solo a los funcionarios y a los políticos, pero sobre todo a la ciudadanía en su conjunto.

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