El poder de los políticos en los medios de comunicación

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Por Cecilia López Montaño

Colombia vive en medio de un enredo que ha aceptado sin medir sus consecuencias y que empieza a mostrar la forma tortuosa como se limita la libertad de información. No iba a ser gratuito el acaparamiento de los medios de comunicación por parte de los grupos económicos más importantes del país.

Hoy, tanto en medios escritos como en televisión los más importantes pertenecen a Sarmiento Angulo, el hombre más rico de este país; al grupo Santo Domingo o a aquel liderado por Ardila Lulle, las tres grandes fortunas nacionales. Estos grupos económicos tienen infinidad de negocios que sin duda dependen en gran parte de decisiones que debe tomar el Estado.

Nunca ha sido fácil legislar de manera independiente porque senadores y representantes a nivel nacional y sus equivalentes en las regiones, han sido financiados en sus campañas políticas por este sector privado que entiende perfectamente que estos recursos son su gran inversión.

Así lo nieguen, es una forma no tan sutil de comprar voluntades. Obviamente su poder es aún mayor si controlan los principales medios de comunicación de cuya información al país depende la supervivencia de los políticos, llámense senadores o representantes, así como sus pares regionales.

En otras palabras, si los grandes empresarios de este país manejan la prensa y la televisión y a su vez dependen de las decisiones del Congreso de la República, es muy fácil que solo se conozca en estos medios lo que a los políticos les convenga. Para no ser injusto, en caso de algunos de estos grupos, sus respectivos medios gozan de mucha libertad, pero en otros casos como el que ahora se denuncia en medios independientes, la relación no es tan santa.

Pirry se conoce en Colombia porque su capacidad de hacer denuncias que no son neutras o inofensivas como la de otros programas similares en la televisión colombiana. Él es muy duro y ha puesto sobre el tapete temas realmente aberrantes de nuestra sociedad. Ahora se sabe, que después de varios meses de preparación y de un equipo de más de 20 personas haciendo una serie de capítulos de su programa, cuando estaba lista su programa, Pirry recibió la poco amable notificación por parte de unos de los dueños del grupo Ardila Lule, a quien pertenece el canal RCN, que este no se presentaría.

Hoy se sabe que RCN prefirió pagar un mundo de dinero, el cual se perdió, antes que permitir la emisión de la serie de denuncias que había preparado Pirry y su equipo. Pero como entre cielo y tierra no hay nada oculto, se afirma que la razón es que uno de los capítulos de Pirry se refería a una denuncia que afectaba directamente al actual Presidente del Senado. Es solo un rumoreo muy fuerte que nadie se atreve a confirmar, ni el mismo Pirry. Se argumenta, que este senador fue quien más ayudó a que no hubiera medidas que perjudicaran los negocios de este grupo.

Aun si esto no es cierto, si preocupa que este tipo de programas de denuncia sin pelos en la lengua como se han caracterizado los de Pirry, se veten de esta manera. Deja, entonces en el aire, que los programas de esta naturaleza, sí se emiten,son los que resultan peligrosos para los dueños de los medios donde se publican o se transmiten. Como se diría en costeño,¡tronco de libertad de prensa la que tenemos en Colombia!

Por esta y otras malas experiencias, es hora de que se defina la financiación estatal de las campañas. Para el Estado y para el país es mucho más barata esta alternativa que permitir esta intromisión de los intereses de los sectores empresariales en la política.

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