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Opinión

La estafa de los fondos privados de pensión

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Por María del Rosario Vásquez

Siempre he creído que las grandes obras literarias constituyen un metarelato histórico, en la medida en que sus autores logran captar y plasmar el espíritu de una época y las problemáticas de un pueblo –a veces, incluso, con intuición profética–.

Y eso es exactamente lo que ocurre con las víctimas hasta ahora invisibles de los fondos privados de pensiones, que traen a la memoria la situación de pobreza y abandono del protagonista de la novela de García Márquez, El coronel no tiene quien le escriba, quien esperó durante años una pensión que nunca recibió, y quien, además, a lo largo de la obra –tal como las víctimas anónimas de estos fondos–, no tiene un nombre propio que lo identifique.

Fueron muchos los colombianos que abandonaron el Instituto Colombiano de Seguros Sociales y se trasladaron a los fondos privados ante la promesa de recibir una pensión considerablemente mejor.

En Colombia existen dos sistemas de pensiones. Por una parte, el Gobierno administra en Colpensiones el ‘régimen de prima media’. Con este, Colpensiones, para liquidar la pensión de vejez, realiza un promedio de los salarios cotizados al Sistema General de Pensiones en los últimos diez años y le entrega al beneficiario un 65% sobre dicho promedio, cada mes, durante el resto de su vida. Si el promedio fue de cinco millones, el adulto mayor recibirá al momento de pensionarse, unos 3.250.000 pesos, gracias a que a la suma de sus cotizaciones se agregará un subsidio del gobierno.

En cambio, el fondo privado es un sistema de ahorro individual, con el cual el adulto mayor solo obtendrá la suma del dinero que alcanzó a ahorrar con sus cotizaciones a lo largo de su vida laboral, sin ningún subsidio adicional. Por lo menos podrá acceder a una pensión equivalente a un salario mínimo. Pero, al no tener subsidio del Estado, no recibirá los 3.250.000 pesos que le hubieran correspondido con el régimen de prima media –si volvemos al ejemplo arriba mencionado–. Y dependiendo del tipo de contrato firmado con el fondo pensional, tampoco recibiría pensión hasta el final de sus días; lo que sería muy grave, en caso de alcanzar más de los años calculados como promedio de vida, por el Fondo.

Es así que, a muchos cotizantes de la clase media (que superan el salario mínimo, pero que no alcanzan a cotizar grandes sumas para su edad pensional, como sí ocurre con los ultramega salarios de reducidos sectores de la élite), les habría convenido quedarse en el régimen de prima media. Pero debido al engaño de algunos de los asesores de los fondos privados, terminan por pensionarse con una suma mucho menor.

Mientras tanto, con sus cotizaciones, dichos fondos han podido invertir el dinero en transacciones en los circuitos financieros internacionales, obteniendo jugosas ganancias. La asimetría de esta situación resulta escandalosa.

Ante esta situación, son muchos los adultos mayores que acuden a las instancias judiciales, con todo el desgaste que esto conlleva. Ahí se ven abocados a enfrentar a los abogados de dichos fondos, empeñados en negar un engaño tan obvio y en probar lo absurdo: que, con información veraz y suficiente, la persona voluntariamente decidió dejar el régimen de prima media y trasladarse a un fondo privado, a sabiendas de los beneficios que perdería y de los perjuicios que esto implicaba.

Por lo visto, a dichos abogados y a sus jefes, no les importa el grave perjuicio que ocasionan a aquellos colombianos de clase media que anhelan poder regresar a Colpensiones, y cuyo único pecado fue: trabajar honradamente a lo largo de su vida, por un salario, tras pagar una costosa educación; contar con una baja capacidad de ahorro y recurrir al endeudamiento con los bancos, pagando altas tasas de interés, para poder afrontar el alto costo de vida; cotizar su pensión; y contribuir con los impuestos que los sectores más pobres no pueden pagar por su indigencia, y los más ricos tampoco quieren costear.

Cabe preguntarse si en este, el país de El coronel no tiene quien le escriba, ahora que por fin empezamos a develar la corrupción que beneficia a unos pocos y empobrece a tantos, aparecerá quien investigue y denuncie la tragedia de estos colombianos. Lo primero, reconocer en estos adultos mayores su calidad de víctimas de un engaño sistemático por parte de algunos asesores inescrupulosos de los fondos privados de pensiones; lo segundo, se les reconozca, a su vez, su derecho a una pensión proporcional y, por tanto, justa a través de su regreso a Colpensiones.

Asimismo, ojalá cuando por fin se destape esta olla podrida, los intereses que los fondos privados obtuvieron con el dinero de estas víctimas, sea resarcido a Colpensiones, que, por ser del Estado, es de todos. Y de paso, que se indemnice a las víctimas, pues no es poco el sufrimiento, la angustia, las horas de insomnio, la vergüenza, la impotencia, la indiferencia y la necesidad que han tenido que padecer.

Pero desde luego, que las indemnicen dichos fondos, no el Estado, para que no terminen siendo ellas, con sus impuestos, las que paguen su propia indemnización, como suele ocurrir.

Pero lo más preocupante de esta situación es que, en lugar de dicho resarcimiento, lo que proponen los fondos privados desde finales de 2016, ante el masivo desplazamiento de usuarios hacia el sistema de prima media y las demandas de los estafados, es la privatización de Colpensiones.

Tal propuesta beneficiaría a los fondos privados con un negocio redondo al entregarles el manejo de todo el dinero de los cotizantes del país y frenar las demandas de las víctimas.

Dicha proposición es acompañada por una campaña de desprestigio de Colpensiones, a través de algunos medios de comunicación, cuando se avecina la discusión en el Congreso sobre la próxima reforma pensional.

Y a dicha campaña se suma el argumento falaz de la falta de recursos para los pensionados, lo que resulta paradójico, al lado de los constantes escándalos de corrupción y las provechosas utilidades del sector financiero del país. Bien decía Goebbels, el ministro de propaganda nazi, que “una mentira repetida adecuadamente mil veces se convierte en verdad”.

Por tanto, es hora de que la academia y los medios de comunicación inicien la investigación sobre el tema con base en los testimonios para reconstruir la memoria de este dolo; y de que las víctimas se unan para no actuar como individuos, pues su drama no es particular: es un problema social.

Asimismo, es necesario que políticos honestos y con responsabilidad social defiendan la causa de estos adultos mayores, que es de todos los colombianos; y sobre todo, que ante este secreto a voces, el gobierno deje de lado la indiferencia. Pues quien calla ante esta injusticia, se convierte en su cómplice.

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Opinión

El gran discurso de Duque

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Carlos Holmes Trujillo García

Los discursos de los grandes dirigentes siempre le han abierto un camino nuevo a la sociedad. Por esa razón, se siguen recordando y citando intervenciones de Alberto Lleras, Kennedy, Martin Luther King, Lincoln, Churchill y Reagan, para mencionar solamente algunos nombres.

Ellos, además de otros líderes, supieron interpretar bien los anhelos de sus pueblos y, en momentos coyunturales, lograron comunicarse con su gente mediante palabras inspiradoras que desataron fuerzas positivas de transformación y cambio. Es en esas ocasiones cuando se vislumbra el destello de visiones que trascienden el momento.

Resulta, entonces, un acto de justicia esperanzadora señalar que Iván Duque, con motivo de su victoria en la primera vuelta, siguió elevando su perfil público. ¡Qué gran discurso!

Sereno, sin estridencias, firme y conciliador al mismo tiempo, respetuoso y gallardo con sus competidores, claro, convocante e ilusionante. Fue una intervención destacada tanto en la forma como en el fondo.

Con respecto a lo primero, consiguió conciliar la emoción con la razón. Ese equilibrio no es fácil cuando se están conociendo decisiones populares de trascendencia. Sin embargo, Duque lo logró. Insistió en el programa que les ha presentado a los colombianos con el rigor académico que lo distingue, en medio de expresiones oportunas que inyectaron mayor ilusión a la sociedad colombiana.

Reconoció el esfuerzo de sus émulos, singularizó los aspectos de las propuestas programáticas de Fajardo, Vargas Lleras y De la Calle, con las que coincide, y agradeció, óigase bien, agradeció el esfuerzo que hicieron durante largos meses, por su contribución al fortalecimiento de la democracia. E invitó a Gustavo Petro a un debate respetuoso.

De esta manera, abrió el camino al entendimiento con todos los ciudadanos que tengan las mismas convicciones, con el fin de seguir fortaleciendo la alianza por Colombia. Hizo un llamado a la unidad de los colombianos, pidió dejar atrás odios y apelaciones a la lucha de clases, dibujó los perfiles de la patria del futuro y fue enfático cuando dijo: quiero gobernar con todos y para todos.

Eso es lo que necesita el país. Esta patria desesperanzada requiere que se edifique un futuro mejor, sin exclusiones, gracias a la unidad, la legalidad, el emprendimiento y la equidad. Y ese es el nuevo tramo que empezó a recorrer ayer mismo el joven líder de la nación.

Concordia, no recriminaciones; futuro, no pasado; ilusión, no más desilusiones; en fin, la certeza de que la esperanza está por encima del odio de clases, tal como lo dijo en uno de los momentos más brillantes de las palabras que pronunció para señalar el rumbo.

Dejó, nuevamente, claras las prioridades que abocará en materia de lucha contra la corrupción, la reforma al sistema de salud y a la educación en procura de la equidad, y con relación al impulso a una economía dinámica, solidaria y cristiana, en la que ganen los trabajadores y los empleadores.

Reiteró, por otro lado, la decisión de bajar impuestos y subir salarios. Colombia amaneció, gracias al talante de Duque, ilusionada, esperanzada. El 27 de mayo demostró que tuvo razón aquel pensador que dijo que los verdaderos dirigentes son los que hacen las cosas apropiadas. El próximo Presidente de los colombianos hizo lo apropiado, pero, además, en la forma apropiada.

 

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Más de las redes sociales

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Saúl Alfonso Herrera

El avance tecnológico lo he referido en artículo anterior, ha proyectado rápidos cambios en los sistemas políticos tradicionales, debido a que el número de poderes formales e informales, esencia del juego democrático, ha sido incrementado y diferenciado en proporciones antes impensadas.

En el siglo XVIII (o de la Ilustración), se habló de los tres poderes formales del Estado, base de la construcción de las democracias constitucionales (Ejecutivo, Legislativo y Judicial), para evitar la concentración y el abuso por parte de uno solo de ellos. 

Igualmente, se reconoció un cuarto poder, que dio a la prensa y a sus similares el papel de veedores del funcionamiento del ejercicio público, los que bien ejercido ayudan a mejorar la rendición de cuentas al generar contrapesos, estimular la crítica y evidenciar los excesos del poder; pero, no obstante, su capital importancia, los poderes han sido exiguos para el eficiente funcionamiento de los sistemas políticos del presente siglo, dado que Internet, redes sociales y tecnología móvil dan a la ciudadanía herramientas para manifestarse y actuar. 

Las nuevas y novísimas formas de comunicación y participación de la ciudadanía, interconectada en tiempo real, indican la aparición de otro poder, independiente, impredecible, insurrecto. Un nuevo modo de presión social en el que ciudadanos en línea con sus computadoras y teléfonos inteligentes, debaten y expresan opiniones, críticas, juicios sumarios; de ahí que se diga que las redes sociales virtuales son el quinto poder y se les reconozca como el nuevo activismo ciudadano habilitado por actuales tecnologías, lo que para una verdadera democracia o gobierno de opinión, como la define Albert Venn Dicey, es importante al estar los ciudadanos cada vez más en línea, saber que la desconfianza ciudadana en las instituciones continúa siendo preocupante y sigue creciendo la desconfianza respecto de los medios tradicionales. 

Las redes sociales están equiparando a los medios tradicionales de difusión como fuentes principales de consumo de noticias; y, crecientemente, las mismas cada día y cada vez más adquiere mayor poder; y aunque decir hoy que es un determinante efecto de presión y cambio social sea exagerado, es innegable que por su instantaneidad ha influido la naturaleza del juego político.

Entender esta nueva dinámica y adaptarse a ella es un desafío a cumplir para la democracia contemporánea, ya que sirven ellas para informarse, generar opiniones y difundirlas gracias a diversos factores, pues al ser abiertas, gratuitas y de fácil acceso, estimulan su uso, permiten un diálogo más abierto y horizontal, ayudan a dar a conocer asuntos de interés de manera más oportuna, contribuyendo a hacer más público lo público, exponer el ejercicio de gobierno, una mayor pluralidad de ideas lo que amplía y diversifica el análisis, diálogo, discusión y debate de temas, han ayudado a romper el cerco informativo que algunos medios presentan, abrir espacios que actúan de manera independiente; y, crear una nueva dinámica en la relación políticos y ciudadanos, la cual puede ser ventajosa o no dependiendo del uso que se dé a las hoy tan necesarias redes sociales virtuales.

 

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Crónica de una muerte anunciada

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Juan Manuel Galán

Esta semana muchos se preguntan, cuál es el futuro del partido Liberal. Ya no podemos acudir al oráculo de Delfos para saberlo; así que lo único que nos queda es la tristeza del tiempo presente de un partido tan antiguo en Colombia, con tanta trayectoria, que ha defendido las causas de la paz, la justicia, las víctimas, las minorías, del medio ambiente, de la equidad social, desde las instituciones y no desde las armas, hoy esta reducido al personalismo, marginado de la competencia política y sin vocación de poder.

Desde hace mucho tiempo advertí lo que pasaría si se tomaban decisiones equivocadas dentro del partido Liberal, sin ser escuchado. Esta vez, la receta fracasada de 2010 con Rafael Pardo, tuvo como protagonista a Humberto De La Calle, que terminó víctima de César Gaviria y de su decisión de abandonarlo a su suerte, cuando antes de primera vuelta le dijo a Yamit Amat que se irían con el uribismo en segunda vuelta. Por esa razón, el pasado 27 de mayo, los resultados a duras penas alcanzaron el 2 % de la votación.

Sin rubor alguno, luego de esas elecciones, el partido Liberal anunció su apoyo al candidato uribista que representa la antítesis de las ideas liberales y de las causas del liberalismo. Busca montarse en un triunfo que no le pertenece, sin asumir la responsabilidad de su derrota, la urgencia de modernizarse, renovarse y darle oportunidad a nuevas generaciones para que hagan política. Probablemente, luego de este anuncio, el Partido llegará a unos acuerdos mecánicos con el gobierno de turno, pero definitivamente no logrará trascender el plano ideológico.

Esta es una situación lamentable, el Partido al calor de la coyuntura se acomoda para preservar una cuota de poder. La credibilidad y la confianza de sus bases se perdieron. El partido Liberal prefirió traicionar al Liberalismo y aliarse con el uribismo, conservatismo, pastranismo… la extrema derecha de Colombia hoy.

Por eso, los invitamos a todos a que nos acompañen a construir un Nuevo Liberalismo que vuelva a ser mayoría en Colombia, pero una mayoría renovada, fresca, incluyente, transparente, de cara a la gente, firme en los principios y convicciones liberales coherente y consistente, que piense y sienta por el bienestar de todos los colombianos. Como liberal, NO me siento representado por el partido ‘exliberal. Si sienten en su corazón la indignación, pero también el fervor de las causas liberales, los espero en el Nuevo Liberalismo.

 

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