Humanos y animales, llamados a coexistir

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Crédito foto: Mario Loaiza-Muñoz

El desconocimiento hace que por miedo los humanos asuman comportamientos que afectan a las demás especies.

El desconocimiento limita y afecta la coexistencia entre humanos y animales, sobre todo cuando estos animales son depredadores. Con este argumento, los especialistas consultados por OPINIÓN CARIBE explican el hecho de que se presenten incidentes con animales en zonas protegidas y que se les ataque sin ningún sentido.

Gustavo Manjarrés y Nidia Farfán, biólogos de la Corporación Natural SIG coinciden en que la falta de información acerca del entorno, los ecosistemas y los hábitos de las especies producen temores en los humanos infundados, miedo que domina sus acciones.

La consulta hecha a los especialistas partió de la necesidad de explicar el último incidente presentado en el Parque Tayrona con un caimán en el cual se vio involucrado un menor, pero con el correr de los días y de acuerdo con el dictamen de medicina legal se determinó que la interacción del animal con el cuerpo se produjo después de que el niño falleciera por inmersión, aunque antes de este, las especulaciones fueron múltiples.

Gustavo Manjarrés, por su parte, considera que se adquiere conocimiento de las especies lejanas al entorno por canales como la televisión, las revistas o la Internet, pero se subestima el acercamiento y conocimiento de los animales con los que se comparte el hábitat.

“No conocemos las especies de nuestra región, debemos saber que tenemos aves que son endémicas por los ecosistemas que se desarrollan en la Sierra y el Mar, eso es lo primordial, saber que son únicas, también hay que tomar conciencia, conocer sus procesos, entornos y comportamientos”.

Aunque reconoce que las áreas protegidas implementan campañas sobre los procesos ambientales, afirma que no alcanza la educación ambiental, porque son procesos fragmentados y no integrales.

La concienciación de los niños y jóvenes debe ser una estrategia de educación ambiental en los colegios que están cerca de ecosistemas en áreas protegidas, además de conocer las especies e incorporarlos a la cotidianidad escolar que debe implementarse para que se inicie un contacto respetuoso con especies como el jaguar que no son desconocidas por las comunidades de la región Caribe.

“El segundo paso es relacionar la educación con las escuelas que están en la parte rural, lo hemos hecho con los humedales, por ejemplo, en los proyectos educativos rurales se desconocía que convivían con serpientes inofensivas, para ellos, todo es peligroso, le dan palo o les tiran piedras, pero es fundamental que sepan identificar cuál de esos ofidios puede ser venenoso y cuál es inofensivo”, explicó.

Manjarrés afirma, que las instituciones educativas y ambientales deben trabajar de la mano, pero no en el papel, sino con un acompañamiento diario, con acompañamiento en el campo de técnicos y científicos y basados en experiencias reales diarias.

¿SE DEBE CONTROLAR O INCENTIVAR LA INTERACCIÓN?

La disyuntiva se presenta con respecto a las áreas protegidas, si deben ser lugares vedados para los humanos o, por lo contrario, zonas que incentiven la interacción con especies de todos los tamaños. Al respecto, el biólogo Manjarrés asegura, que se deben convertir en sitios de intercambio de información.

“En este momento no sabemos que hay corredores de conectividad de jaguar que llegan hasta las cercanías de Santa Marta, hemos encontrado jaguar arriba del barrio Bastidas, quienes residen ahí desconocen que el felino llega a esta zona.

El desconocimiento nos hace decir: viene a buscar presas, pero el problema es que la frontera urbana se va extendiendo a los ecosistemas y están invadiendo sus hábitats, pero debe existir conciencia de que ahí está la especie y ello exige tener cuidado y restricciones; el desconocimiento de esto trae como consecuencia acabar con algunos organismos cuando no debe ser así, los corredores en el marco del Registro Único Nacional de Áreas Protegidas deben declararse áreas protegidas y que se pueden visitar siempre que se entregue información al respecto para que se puedan implementar estrategias de conservación”.

OTRAS ESPECIES CERCA DE NOSOTROS

No solo el jaguar o las serpientes viven cerca de Santa Marta, algunas aparecen en los patios de las casas, por ejemplo, aves y zorras que viven en los manglares, pero se acercan a donde viven los humanos para abastecerse de alimento.

“Hay aves en nuestros patios que son migratorias y que nosotros no conocemos y creemos que cualquier de ellas es un canario o un perico y no es así; hay aves que migran hacia la parte norte y vienen de otro país, pero no manejamos la información”, manifestó Gustavo Manjarrés.

Añadió, “por ejemplo, en la Ciénaga Grande de Santa Marta, en la ciénaga El Chino en la Ciénaga de Sevillano se encuentran unos patos que son de Canadá y vienen una vez al año, migran unos ochocientos mil para quedarse por tres meses, pero para nosotros son simples patos, aunque Canadá los está protegiendo con casi la mitad de los recursos que maneja, porque es la insignia del país”.

El desconocimiento es tan evidente que en el Magdalena se organizan jornadas de cacería, demostrando que el problema no solo son las instituciones, sino que por ignorancia no se emprenden acciones para ayudar a los ecosistemas y a los organismos que los habitan.

RELACIÓN HOMBRE – COCODRILO

Con respecto a los ‘caimanes’ o cocodrilos, Nidia Farfán del grupo de especialista de cocodrilos CSG, explicó, que lo que produjo el accidente del menor y su trágico desenlace fue la desinformación.

“Se entregaron diferentes versiones que se vieron reflejadas en los medios de comunicación, cada entidad y medio emitió diversos puntos de vista sobre el incidente. Sin embargo, en una comunicación que entregó oficialmente medicina legal a Semana.com, aclararon que la agresión del cocodrilo se generó después de que el niño se había ahogado, resultado que se debe divulgar en los diferentes medios de comunicación”, indicó Nidia Farfán.

“En el trabajo más recientemente que hemos realizamos, encontramos que el departamento del Magdalena es una de las zonas donde se presenta mayor interacción entre humanos y cocodrílidos (babillas y caimanes) a nivel nacional, principalmente por sacrificio de cocodrilos por parte de las comunidades, ataques a humanos o animales domésticos, traslado, relacionados principalmente con el Caimán Aguja o del Magdalena y tráfico ilegal de babillas, entre otros”

Según la información entregada, el caimán aguja se puede encontrar en ciénagas, ríos, madreviejas o en el mar. Esta particularidad ha generado que en la zona costera del departamento se presente una mayor cercanía entre cocodrílidos y humanos, dado el incremento de actividades humanas como el turismo y la agricultura. Es situación demanda el compromiso institucional de las autoridades ambientales para mitigar el conflicto y generar la coexistencia entre humanos y cocodrílidos en el Magdalena, el cual hace parte del área de distribución natural de la especie.

El declive de las poblaciones silvestre de crocodílidos a nivel nacional generado por la cacería ilegal, el sacrificio por miedo, la pérdida de hábitat entre otros factores, han ocasionado que las nuevas generaciones desconozcan estas especies, donde el conocimiento popular sobre babillas y caimanes se está perdiendo, lo cual limitando la coexistencia con estos depredadores.

El caimán del Magdalena o aguja, es una especie de importancia cultural en el departamento, la cual se exalta en el festival del caimán cienaguero, expresiones culturales como el hombre caimán en Plato.

“El desconocimiento de la importancia ecológica de esta especie y de las pautas para interactuar con esta, ha generado un aumento en los incidentes negativos entre humanos y cocodrilos en el departamento. Siendo fundamental identificar medidas de manejo y mitigación del conflicto, anudadas a procesos investigación del estado de las poblaciones silvestres”

Hemos trabajado profundamente en la investigación del estado de las poblaciones silvestres del caimán aguja, ya que esta información es la base que permite a las autoridades ambientales establecer cuáles son las pautas o las medidas de manejo frente a esta; además, realizamos un trabajo etnozoología para evaluar la percepción de la comunidad sobre los cocodrilos a través de 236 encuestas aplicadas en el PNN Tayrona y su área de amortiguación en 2014. En este trabajo identificamos que las comunidades del área de amortiguación del parque así como los turistas que visitan el área tienen en general un bajo conocimiento con respecto a la biología y ecología de la especie y un alto miedo hacia esta, por lo cual es fundamental que las entidades ambientales con injerencia sobre la temática realicen procesos de educación y sensibilización ambiental para incrementar el conocimiento sobre su funcionalidad en el parque y la necesidad de preservarlo, facilitando la planificación para su conservación” señaló la bióloga.

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