¡Tradición y sazón!

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El equipo de OPINIÓN CARIBE visitó el popular restaurante de Aura Diazgranados, considerado el sitio donde se venden las mejores sopas de la ciudad y en el trabajo de campo se pudo establecer por qué este es uno de los lugares predilectos de la ciudad. El interés nace a raíz de las añoranzas de un samario que vive en Nueva York y que asegura este es el sabor que más extraña de su tierra en el país del norte del continente.

Santa Marta es una ciudad que cuenta con seres extraordinarios, de una autenticidad absoluta, orgullosos por su terruño, imbuidos en su cotidianeidad, que aman lo que hacen y lo demuestran todos los días al compartir sus habilidades en cualquier menester en beneficio de la comunidad.

Personajes auténticos que salen adelante con tesón tanto en la vida como en los negocios. Ese es el caso de la señora Aura Cecilia Diazgranados, una mujer de 75 años, más samaria que El Morro, y con 14 en el mundo de la gastronomía.

OPINIÓN CARIBE destaca la labor de esta mujer cuyas manos tienen la habilidad de transformar un simple sancocho en un suculento plato para los más exigentes paladares y para conocer sobre su crecimiento en el mundo del emprendimiento.

La señora Aura señala, que empezó a vender sopa en el barrio Taminaca en una olla con todos los ingredientes necesarios que le había enseñado su madre desde que era una niña, además del profundo amor que requiere la preparación de los alimentos, las ganas por alcanzar el punto del sabor adecuado.

Las cosas deben hacerse con dedicación, con amor, porque si solo se cocina porque sí, las comidas no saben igual, son sosas, no tienen vida propia, afirma.

Hoy, su clientela degusta sus sopas preparadas sobre la leña apilada; son más de seis ollas y su sola cocción invade el olfato de sus vecinos que no ven la hora para degustar la de rabo, mondongo, costilla y demás, porque el aire que se respira les despierta apetitos desbordados.

Este lugar forma parte de las comidas de asfalto, queda a un costado de la Avenida del Río en el barrio Taminaca. Es tanto que doña Aura, samaria de la cabeza a los pies, emprende cada día una tarea que tiene sus raíces en una amalgama de culturas.

Los clientes afirman que son los sancochos más exquisitos, e inclusive, algunos personajes que viven en el extranjero sienten mucha nostalgia y no ven la hora de regresar al terruño, solo por sentir en su paladar la mezcla de los sabores dulces y salados de estos. A Aura poco le importa ese dato; lo que le interesa es afinar el arte de despertar el apetito de sus comensales

CUÁL ES EL SECRETO

La señora Aura afirma, que sus sopas son criollas, pero minada de particularidades, de secretos. Pocos lo notan, pero de un puesto a otro, el sabor de la tradicional sopa de mondongo, de rabo, de costilla o pescado cambia. Las cocineras saben que esta breve variación determina el éxito de un negocio.

Comenta, además, que, si en las matemáticas el orden de los factores no altera el producto, este postulado es absolutamente falso en la cocina. Ella pone de ejemplo que sus sancochos, a eso de las 7:30 de la mañana comienzan a sentirse en el estrépito de olores de Santa Marta junto al de leña, que hace que la boca se haga agua.

Su sopa de costilla, una vez dispuesta, es una abstracción que provoca en el comensal la impresión de estar experimentando un privilegio secreto; el sentido del gusto, tan bizantino en comparación con el del tacto y la vista, se subleva hasta permitir ver el mundo a través de la lengua: el sabor de la ‘Perla del Caribe’ en un plato de sopa.

El truco de la señora Aura es el adobo, vive de la intuición para el ajo, el cebollín, la vitualla, el ají, entre otros ingredientes, luego espera que un presentimiento que nunca le falla le dicte el momento exacto para darle la sustancia y cuerpo a los sancochos. La leña también contribuye a esta delicia.

QUIÉN ES AURA DIAZGRANADOS

Es una samaria, criada en el barrio Ancón. Por esos se considera más samaria que El Morro. Separada con dos hijos. La hija es oficinista y el varón técnico-mecánico.

Su primer negocio fue montar una tienda, que tiene 20 años, después se dedicó a vender sopa. Ya lleva 14 años en este oficio. Le da muchas gracias a Dios por haber tenido esta oportunidad de generar empleo a través de sus negocios de abastos y sancochos.

Junto a una amiga inició este festín de sopas de todos los colores y sabores, además de darle gusto al estómago y al paladar.

“Así empezó la recocha musical de lunes a domingos”, haya o no festivos. Se siente feliz con toda la clientela, en especial con los más renombrados como la gobernadora Rosa Cotes, exgobernadores, alcaldes, docentes, quienes degustan los sancochos que guardan los secretos que han sido transmitidos por linaje de esta mujer famosa por sus ricas preparaciones.

Los días en los que debe hacer esfuerzos sobrehumanos junto a sus empleados son los 25 de diciembre y el primero de enero, el lleno es total. Su clientela no perdona ni el cucayo.

Su hija hace los balances del producido, es la administradora del negocio. Sus cocineras han aprendido todos los trucos que la señora Aura adquirió en su amado barrio Ancón del que salió hace cuarenta años. Sin embargo, los vecinos no han perdido el contacto, cada 16 de julio se reúnen para rendirle homenaje a su virgen del Carmen. Tiempos inolvidables y muy queridos, llenos de nostalgias, cortados por la expansión de la Sociedad Portuaria.

También recuerda la señora Aura que un tren le cercenó su brazo derecho, que fue un accidente terrible. A pesar de ello, quiere que el tren de los buenos tiempos sea una realidad, porque es un transporte de carga pesada de gran calidad, no tan perjudicial como lo ha sido el tránsito de las tractomulas.

ELOGIO A LA SAZÓN SAMARIA

Uno de los clientes asiduos habla lleno de orgullo patrio, quien acaba de llegar de Nueva York, donde tuvo la oportunidad de compartir cuitas de Santa Marta con Rudy Calderón sobre la exquisitez de los sancochos de la señora Aura Diazgranados.

Comenta Ramón Fajardo, que tuvo la oportunidad de entrar a Hooters, lugar famoso en los Estados Unidos, sobre todo por sus camareras, quienes con sus pantalones cortos y blusas ajustadas atiende a los clientes del lugar. Su contertulio se burlaba de él y le acotaba, cómo era posible que tú vengas a un sitio como este, cuando en Santa Marta hay sancochos tan deliciosos como el de La Mocha. Yo solo estoy esperando la Green Card, para que una vez aterrice en mi ciudad voy corriendo a degustar, a saborear esos aditamentos especiales que la señora Aura les pone a esas sopas de todos los olores y todos los sabores. Una institución samaria para el mundo.

Afirma el cliente, que se siente feliz de haberle seguido el consejo a su amigo Rudy, porque los sancochos son exquisitos. Nada tiene que envidiarles a los chefs de Hooters, en especial, cuando se sabe que solo son fritadores de grandes cadenas, donde no se le pone amor ni la sazón a la gastronomía del día a día como se hace en Santa Marta, lugar que le da valor a lo que producen sus campesinos y a los frutos del mar. Por ello, invita a los samarios a redescubrir los sabores de esta tierra bendita. Solo el que vive o viaja al exterior, se da cuenta de la importancia de llamarse Santa Marta o el departamento del Magdalena.

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