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Opinión

La apuesta: agroindustria

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Por Cecilia López Montaño

En Colombia hay muy pocos consensos porque todo está impregnado, no solo de ideología sino de pasiones, algunas no muy santas. Sin embargo, en lo que todo el mundo está de acuerdo es en la imperiosa necesidad de que la economía nacional retome una senda de crecimiento alto y sostenible. Pero básicamente hasta ahí, porque el cómo, el dónde y el para qué varía casi que de acuerdo con el experto al que se le consulte.

El Gobierno le sigue apostando a la construcción –que está de capa caída– y en este sector siente que puede influir a través de estímulos, pero más que todo en las famosas 4G. Es decir, en las grandes carreteras que –de acuerdo con la teoría– son la salvación de una economía muy retrasada en infraestructura.

También le ha agregado, a última hora, las vías terciarias, esas sí generadoras de empleo, con alto contenido de equidad, según muestran estudios del CiSoe, además, acercan a los campesinos a los mercados y mejoran su acceso a bienes públicos. Pero resulta que las 4G siguen con serios problemas para su financiación e implementación, y la corrupción en este sector no ha ayudado en nada, sino que por lo contrario existe –con razón– mucho temor a grandes escándalos en el manejo de las altas inversiones que requieren.

Una mirada un poco menos angustiada y de pronto más realista hace pensar primero en el sector rural. Es la actividad que en este momento muestra dinamismo y, para muchos, es allí donde se empiezan a ver los resultados del acuerdo final con las Farc.

Claro que el mayor escollo es la tierra y también –ahora queda más claro– el manejo que este país hace del agua, sin lo cual es imposible alcanzar altas productividades que son imprescindibles.

El tema más controversial es que la tierra que necesita formalizarse y asegurar su acceso a toda esa población campesina que está prácticamente en minifundios, se enfrenta a una paradoja.

Los grandes empresarios del país piden a gritos la reactivación de la economía, pero al mismo tiempo muchos de ellos se oponen a una mejor redistribución de la tierra. No es sino mencionarle el tema a los ganaderos que tienen en promedio una cabeza de ganado en casi dos hectáreas. El colmo de la ineficiencia, porque tienen las mejores tierras de la frontera agrícola actual.

Pero como debemos generar valor agregado, lo lógico es que se desarrollen simultáneamente mayores sectores agroindustriales que no generen conflictos, como los que se presentan hoy entre los productores de arroz y los molinos que lo procesan.

No es una fórmula mágica, pero se ve mejor que muchos otros sectores de la industria, algunos de los cuales manejaron la globalización al revés, se fueron al exterior y otros se volvieron importadores. Es posible que la situación de algunos industriales sea como la descrita y por eso no les sirve la tasa de cambio actual para exportar sus productos. La agroindustria es una alternativa viable en el mediano y corto plazo. Este es el reto.

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Opinión

El gran discurso de Duque

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Carlos Holmes Trujillo García

Los discursos de los grandes dirigentes siempre le han abierto un camino nuevo a la sociedad. Por esa razón, se siguen recordando y citando intervenciones de Alberto Lleras, Kennedy, Martin Luther King, Lincoln, Churchill y Reagan, para mencionar solamente algunos nombres.

Ellos, además de otros líderes, supieron interpretar bien los anhelos de sus pueblos y, en momentos coyunturales, lograron comunicarse con su gente mediante palabras inspiradoras que desataron fuerzas positivas de transformación y cambio. Es en esas ocasiones cuando se vislumbra el destello de visiones que trascienden el momento.

Resulta, entonces, un acto de justicia esperanzadora señalar que Iván Duque, con motivo de su victoria en la primera vuelta, siguió elevando su perfil público. ¡Qué gran discurso!

Sereno, sin estridencias, firme y conciliador al mismo tiempo, respetuoso y gallardo con sus competidores, claro, convocante e ilusionante. Fue una intervención destacada tanto en la forma como en el fondo.

Con respecto a lo primero, consiguió conciliar la emoción con la razón. Ese equilibrio no es fácil cuando se están conociendo decisiones populares de trascendencia. Sin embargo, Duque lo logró. Insistió en el programa que les ha presentado a los colombianos con el rigor académico que lo distingue, en medio de expresiones oportunas que inyectaron mayor ilusión a la sociedad colombiana.

Reconoció el esfuerzo de sus émulos, singularizó los aspectos de las propuestas programáticas de Fajardo, Vargas Lleras y De la Calle, con las que coincide, y agradeció, óigase bien, agradeció el esfuerzo que hicieron durante largos meses, por su contribución al fortalecimiento de la democracia. E invitó a Gustavo Petro a un debate respetuoso.

De esta manera, abrió el camino al entendimiento con todos los ciudadanos que tengan las mismas convicciones, con el fin de seguir fortaleciendo la alianza por Colombia. Hizo un llamado a la unidad de los colombianos, pidió dejar atrás odios y apelaciones a la lucha de clases, dibujó los perfiles de la patria del futuro y fue enfático cuando dijo: quiero gobernar con todos y para todos.

Eso es lo que necesita el país. Esta patria desesperanzada requiere que se edifique un futuro mejor, sin exclusiones, gracias a la unidad, la legalidad, el emprendimiento y la equidad. Y ese es el nuevo tramo que empezó a recorrer ayer mismo el joven líder de la nación.

Concordia, no recriminaciones; futuro, no pasado; ilusión, no más desilusiones; en fin, la certeza de que la esperanza está por encima del odio de clases, tal como lo dijo en uno de los momentos más brillantes de las palabras que pronunció para señalar el rumbo.

Dejó, nuevamente, claras las prioridades que abocará en materia de lucha contra la corrupción, la reforma al sistema de salud y a la educación en procura de la equidad, y con relación al impulso a una economía dinámica, solidaria y cristiana, en la que ganen los trabajadores y los empleadores.

Reiteró, por otro lado, la decisión de bajar impuestos y subir salarios. Colombia amaneció, gracias al talante de Duque, ilusionada, esperanzada. El 27 de mayo demostró que tuvo razón aquel pensador que dijo que los verdaderos dirigentes son los que hacen las cosas apropiadas. El próximo Presidente de los colombianos hizo lo apropiado, pero, además, en la forma apropiada.

 

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Opinión

Más de las redes sociales

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Saúl Alfonso Herrera

El avance tecnológico lo he referido en artículo anterior, ha proyectado rápidos cambios en los sistemas políticos tradicionales, debido a que el número de poderes formales e informales, esencia del juego democrático, ha sido incrementado y diferenciado en proporciones antes impensadas.

En el siglo XVIII (o de la Ilustración), se habló de los tres poderes formales del Estado, base de la construcción de las democracias constitucionales (Ejecutivo, Legislativo y Judicial), para evitar la concentración y el abuso por parte de uno solo de ellos. 

Igualmente, se reconoció un cuarto poder, que dio a la prensa y a sus similares el papel de veedores del funcionamiento del ejercicio público, los que bien ejercido ayudan a mejorar la rendición de cuentas al generar contrapesos, estimular la crítica y evidenciar los excesos del poder; pero, no obstante, su capital importancia, los poderes han sido exiguos para el eficiente funcionamiento de los sistemas políticos del presente siglo, dado que Internet, redes sociales y tecnología móvil dan a la ciudadanía herramientas para manifestarse y actuar. 

Las nuevas y novísimas formas de comunicación y participación de la ciudadanía, interconectada en tiempo real, indican la aparición de otro poder, independiente, impredecible, insurrecto. Un nuevo modo de presión social en el que ciudadanos en línea con sus computadoras y teléfonos inteligentes, debaten y expresan opiniones, críticas, juicios sumarios; de ahí que se diga que las redes sociales virtuales son el quinto poder y se les reconozca como el nuevo activismo ciudadano habilitado por actuales tecnologías, lo que para una verdadera democracia o gobierno de opinión, como la define Albert Venn Dicey, es importante al estar los ciudadanos cada vez más en línea, saber que la desconfianza ciudadana en las instituciones continúa siendo preocupante y sigue creciendo la desconfianza respecto de los medios tradicionales. 

Las redes sociales están equiparando a los medios tradicionales de difusión como fuentes principales de consumo de noticias; y, crecientemente, las mismas cada día y cada vez más adquiere mayor poder; y aunque decir hoy que es un determinante efecto de presión y cambio social sea exagerado, es innegable que por su instantaneidad ha influido la naturaleza del juego político.

Entender esta nueva dinámica y adaptarse a ella es un desafío a cumplir para la democracia contemporánea, ya que sirven ellas para informarse, generar opiniones y difundirlas gracias a diversos factores, pues al ser abiertas, gratuitas y de fácil acceso, estimulan su uso, permiten un diálogo más abierto y horizontal, ayudan a dar a conocer asuntos de interés de manera más oportuna, contribuyendo a hacer más público lo público, exponer el ejercicio de gobierno, una mayor pluralidad de ideas lo que amplía y diversifica el análisis, diálogo, discusión y debate de temas, han ayudado a romper el cerco informativo que algunos medios presentan, abrir espacios que actúan de manera independiente; y, crear una nueva dinámica en la relación políticos y ciudadanos, la cual puede ser ventajosa o no dependiendo del uso que se dé a las hoy tan necesarias redes sociales virtuales.

 

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Crónica de una muerte anunciada

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Juan Manuel Galán

Esta semana muchos se preguntan, cuál es el futuro del partido Liberal. Ya no podemos acudir al oráculo de Delfos para saberlo; así que lo único que nos queda es la tristeza del tiempo presente de un partido tan antiguo en Colombia, con tanta trayectoria, que ha defendido las causas de la paz, la justicia, las víctimas, las minorías, del medio ambiente, de la equidad social, desde las instituciones y no desde las armas, hoy esta reducido al personalismo, marginado de la competencia política y sin vocación de poder.

Desde hace mucho tiempo advertí lo que pasaría si se tomaban decisiones equivocadas dentro del partido Liberal, sin ser escuchado. Esta vez, la receta fracasada de 2010 con Rafael Pardo, tuvo como protagonista a Humberto De La Calle, que terminó víctima de César Gaviria y de su decisión de abandonarlo a su suerte, cuando antes de primera vuelta le dijo a Yamit Amat que se irían con el uribismo en segunda vuelta. Por esa razón, el pasado 27 de mayo, los resultados a duras penas alcanzaron el 2 % de la votación.

Sin rubor alguno, luego de esas elecciones, el partido Liberal anunció su apoyo al candidato uribista que representa la antítesis de las ideas liberales y de las causas del liberalismo. Busca montarse en un triunfo que no le pertenece, sin asumir la responsabilidad de su derrota, la urgencia de modernizarse, renovarse y darle oportunidad a nuevas generaciones para que hagan política. Probablemente, luego de este anuncio, el Partido llegará a unos acuerdos mecánicos con el gobierno de turno, pero definitivamente no logrará trascender el plano ideológico.

Esta es una situación lamentable, el Partido al calor de la coyuntura se acomoda para preservar una cuota de poder. La credibilidad y la confianza de sus bases se perdieron. El partido Liberal prefirió traicionar al Liberalismo y aliarse con el uribismo, conservatismo, pastranismo… la extrema derecha de Colombia hoy.

Por eso, los invitamos a todos a que nos acompañen a construir un Nuevo Liberalismo que vuelva a ser mayoría en Colombia, pero una mayoría renovada, fresca, incluyente, transparente, de cara a la gente, firme en los principios y convicciones liberales coherente y consistente, que piense y sienta por el bienestar de todos los colombianos. Como liberal, NO me siento representado por el partido ‘exliberal. Si sienten en su corazón la indignación, pero también el fervor de las causas liberales, los espero en el Nuevo Liberalismo.

 

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