Educar en verdad, educar en valores

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Por Rubén Darío Ceballos

Uno de los aspectos más importantes de nuestras insuficiencias y que desafortunadamente nos tiene en las condiciones en que estamos, es, además de la corrupción galopante que enfrentamos, entre otras muchas perversas falencias y desmanes, el deficiente o en mejor decir, un muy deficiente sistema educativo, el cual necesita ganar espacio para avanzar en mejorar la educación de manera integral y que nuestra juventud tengan acceso a una formación que los haga competitivos no solo a nivel regional y nacional, sino internacional; ante ello, los gobernantes de orden Departamental, Distrital y Municipal deben tomar conciencia para recuperar el tiempo perdido, ante los nefastos resultados que se avizora a primera vista en nuestra Región.

Lo más lamentable de la situación ante todo esto que nos está pasando, es que amplios sectores de la sociedad consideran que pueden hacer (y de hecho lo hacen) lo que quieran porque en nuestro medio, desde sus hogares, sus comunidades, desde el Estado mismo y, en general, en todo el país, se perdona o se pretende justificar todo. Para invertir la inercia de semejante problema, además de hacer un cambio en las estrategias gubernamentales de complicidad con lo irregular, se debería con urgencia suma, reforzar los esquemas de formación y educación de los jóvenes que, en un futuro inmediato, guiarán a nuestra sociedad.

En muchos aspectos y ello es evidente, estamos sufriendo problemas que se han creado desde hace varios decenios por la falta de una educación integral de nuestra juventud, ya que se deja de formar a ciudadanos con valores y responsables de sus acciones, además del compromiso consigo mismo, la familia, la sociedad, el medio ambiente; ante ello, no se entiende cómo se puede incinerar un pequeño contenedor destinado para el depósito de los residuos.

Hoy en todos los niveles sociales se vive una grande falta de respeto con los mayores y con la sociedad en general. La falta de educación de los jóvenes, que debe ser uno de los mayores y más importantes recursos de un territorio, de un pueblo, ha generado que en la actualidad tengamos que soportar jóvenes prepotentes sin principios ni valores, entre ellos, sin la formación adecuada de respeto para con nada ni con nadie, ni siquiera para hacerse responsables de sus actos.

Imprescindible requerir del Estado y de la sociedad en general cumplir con su obligación de concienciar a los jóvenes que debemos formarlos bien y mejor para la vida futura e inmediata. Es tiempo aún de rehacer el camino y revalorar la formación desde los hogares. En la medida en que formemos ciudadanos comprometidos con los valores integrales del ser humano, respetuoso de sí mismo y de los demás, y que rechacen la complicidad con lo irregular, se fortalecerán las instituciones que garanticen un Estado democrático y social de derecho, por lo contrario, poco posible será conformar una sociedad en la que se respeten los derechos de todos, ante lo cual, tenemos todos por igual un gran compromiso de reacción y formación.

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