Reconstrucción, palabra buena

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Rubén Darío Ceballos Mendoza

Actuamos sin mística, pareciera perdida la esperanza, evidente es nuestra crisis espiritual, el desaliento moral es persistente, le tenemos pavor a comprometernos, lo mismo que a emprender grandes empresas, tareas y labores.

Estamos viviendo tiempos confusos. Ausente está el optimismo. No hay voluntad de futuro y nuestra mirada está en ninguna parte, en ningún horizonte. Hace falta quien nos guíe a puerto seguro. Necesitamos arremeter contra los obstáculos que sean para alcanzar los propósitos superiores en beneficio de todos y no dejar ver, sentados a la vera del camino, cómo se deteriora de manera inmisericorde nuestro entorno y nuestra sociedad. Mil veces no.

Debemos comprometernos en la búsqueda incesante de lo trascendente y útil. Saberle corresponder a la juventud, que reclama un nuevo espacio y conmina a la dirigencia toda, liderar y ser capaz de reconstruirnos ética y moralmente, lo mismo que buscar la unidad para lo real y en verdad provechoso para la sociedad, así como renunciar a toda clase de egoísmos y profundizar un nuevo modelo de hacer política.

Concebir que la diferencia entre tener compromisos políticos y evitarlos, suelen resolverse a favor de tenerlos. Entender que nadie debe permanecer al margen. Hacer llamamientos de ampliación participativa activa y deliberativa. Es dar nacimiento a lo políticamente nuevo, recrear la democracia, vivificarla, redoblarla, hacerla sustancial en las instituciones públicas y en la creación de motivos de igualdad y justicia.

Usar tonos diversos que nos lleven a esa unidad tan esquiva, ante la división marcada que ha generado la polarización de los grupos de derecha y algunos sectores de la izquierda colombiana.

Saber que habrá que reescribir muchas cosas, enderezar otras, definir y redefinir muchas, sin apartarse del pueblo y lo popular, sin que importen las dificultades y acechanzas que haya que sortear. Se trata de reconstruir una moral militante en los ámbitos que sean, incluso en los difíciles de justificar. Importa actuar activamente aún a sabiendas que eso sea lo más difícil. Y no sólo es o será reconstruir, sino volver a construir sin repetir errores. Construir con planificación, con asesoría y sin exclusiones. Empresa inmensa que tenemos por delante y a la que debemos y tenemos que aportar nuestros mejores esfuerzos para combatir la polarización comentada.

Es sobreponernos a los efectos negativos generados por la incapacidad e irresponsabilidad de sucesivas administraciones, autoridades, personas, empresas e instituciones, con un altísimo costo para nuestros entes territoriales. No podemos seguirnos dando el lujo de permitirnos dirigencias inoperantes y aisladas, ya que hacerlo es batirle palmas a la desidia y a la inmoralidad en la función pública.

Tenemos que exigir mayores previsiones, superior sentido del servicio público en las autoridades, las cuales están en la obligación de responder al interés social para no volver a lamentarnos de la corrupción de autoridades y funcionarios que también deberían ser revisados. Necesitamos algo como una reconstrucción moral para evitar o al menos tratar de hacerlo, que el drama pueda ser mayor al que tememos o esperamos. Una sociedad sin élites dirigentes es una sociedad descabezada.

 

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