El ‘diablo’ del carbón

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Los cataqueros  han buscado todas las formas habidas para que el Estado vuelque su mirada hacia la problemática social, ambiental y territorial que padecen por el paso del tren a través de la zona urbana de Aracataca.

Paola Ramírez Caballero

El tren que por décadas transportó a los habitantes de Aracataca a otras ciudades de la región Caribe y al interior del país, ese mismo que consolidó la economía con la comercialización del banano, pescado, hielo, pan, y que le dio la fortuna a este municipio de ser reconocido mundialmente al traer a este mágico lugar al telegrafista que sería el progenitor del Premio Nobel de Literatura, hoy se ha convertido en el peor enemigo de la población.

La Estación del Ferrocarril de Aracataca guarda con recelo en sus puertas, ventanas y el desgastado tejado, las huellas que rememoran el tiempo pasado en el que como diría Rafael Escalona, “el diablo al que le llaman tren”, traía progreso para los cataqueros, indignados por las muertes que ha dejado a su paso.

La muerte más reciente fue la de José Ricardo Rivera de 31 años, quien fue arrollado en el interior de su automóvil por el tren en el sector de Tequendama, el cual limita con los municipios de Aracataca y Fundación. Esta locomotora ha dejado a lo largo de sus trayectos cientos de familias enlutadas. Los cataqueros ya están cansados de suplicarle al gobierno de todas las formas que le saque esta ‘amenaza’ del pueblo.

Hasta el mismo alcalde de Aracataca, Pedro Sánchez Rueda, ha sido víctima del tren, cuando tuvo que detener con impotencia el sepelio de su madre fallecida, porque la locomotora se detuvo por una hora en la línea férrea de la Estación, aislando a la iglesia y al cementerio de la plaza central por donde marchaba el cortejo.

“El tren lo único que ha traído es perjuicios, muertes, contaminación, obstaculización de la movilidad”, señaló el alcalde, Pedro Sánchez. Por su parte, Fenoco solo se ha limitado en los dos casos expuestos a enviar comunicados a la opinión pública lamentando los hechos y pidiendo excusas. OPINIÓN CARIBE intentó comunicarse con la empresa carbonera al cierre de esta edición, pero ello fue imposible.

La primera autoridad de Aracataca asegura, que Fenoco no ha tenido responsabilidad social con la comunidad, resaltando que el municipio no quiere nada a esta empresa porque ha desmejorado su calidad de vida. “Ni si quiera se ha socializado a la población el proyecto, por eso empiezan las cosas mal y la gente reacciona  de manera negativa”.

El paso del tren impidió durante una hora el paso del cortejo fúnebre de la madre del alcalde de Aracataca, Pedro Sánchez.

Como estas situaciones, son cientos las que se presentan diariamente. Según los cálculos de los residentes del corredor férreo, el tren atraviesa las veinticuatro horas del día el centro del municipio, unas 45 veces con 120 vagones cargados de mineral, causando enfermedades en la piel, deficiencia respiratoria, ceguera,  sordera y en muchas ocasiones la muerte.

En cada esquina de Aracataca se recuerda con nostalgia cuando a la Estación llegaban los trenes de carga y de palito. Doña América López vivió esa mágica época.  Pero hoy solo cuenta, que “una ambulancia traía a una persona infartada y no pudo atravesar la línea para llegar al hospital porque venía la locomotora, por no recibir atención,  murió el joven”.

Orlando Arrieta nació a la orilla de la línea férrea hace 82 años. Su poca visión se la atribuye al polvillo del carbón. “Es una injusticia la que están cometiendo. Este negocio solo favorece a los grandes, no a la comunidad que va es para atrás”.

Los cataqueros le han exigido en repetidas ocasiones al Gobierno Nacional que saquen del centro del municipio al tren carbonero que ha dividido al pueblo en dos; por un lado hay 17 barrios y por el otro 16, el hospital, el acueducto, entidades públicas, la iglesia, el cementerio y algunos colegios están  aislados.

SIN SOLUCIÓN

La población está cansada, en repetidas ocasiones se han plantado en la línea férrea para protestar, paralizando la economía del país y amenazan continuar en la lucha hasta que el Estado decida sacarles el tren carbonero del casco urbano del municipio.

“He sido interprete del clamor de la comunidad,  somos conscientes que todo proyecto genera impacto ambiental, pero en este no se ha investigado los perjuicios que trae para la tranquilidad, el ambiente y la salud de Aracataca. Obstruye la dinámica normal del desplazamiento y divide en dos al municipio”, explica el personero de Aracataca, Fabián Marriaga.

Una de las poblaciones que más le preocupa al Personero de la tierra del realismo mágico es la de los estudiantes que deben atravesar la línea férrea para llegar hasta los colegios. Cada vez que pasa el tren, los docentes deben interrumpir las clases; así que son pocas las horas de clases impartidas, porque las cuatro locomotoras con 120 vagones pasan cada 20 minutos.

EL IMPACTO

El Gobierno Nacional ha hecho caso omiso a la recomendación proferida por el Ministerio de Ambiente a través del Auto 2952 de 2007, ratificado un año después en el 694, que recomienda retirar la línea férrea del casco urbano de Aracataca y construir esta  en la variante entre Macaraquilla – Tres Vueltas.

 

De acuerdo con lo manifestado por el presidente del Concejo de Aracataca, Alejandro Mora, el Estado se ha negado a construir la variante como lo indica la Sentencia de la Corte Constitucional 672 de 2014, que exhorta a retomar el Auto 2952, ya que no existen más alternativas para este municipio.

“Ahora dicen que no tienen recursos para Aracataca,  nuestro municipio tiene que soportar el paso de 280 máquinas con más de 12 mil vagones diarios. Cómo puede hablar este municipio de turismo si no es compatible con el carbón”, acota el Presidente del Concejo de Aracataca.

Según el Vicepresidente de Gestión Contractual de la ANI, los impactos que hoy genera el tren son mitigables, el ruido se reduce con la instalación de pantallas reflectoras y un muro de tres metros desde el nivel del suelo nivelado; la contaminación con la humectación del carbón y la instalación de estaciones para medir la calidad del aire.

Asimismo, el funcionario de la ANI asegura que para mejorar el entorno se harían inversiones en el espacio público como pasos peatonales y vehiculares y un parque lineal. De materializarse el proyecto del Tren de Macondo, el compromiso de Fenoco S.A. es permitir el paso del tren de pasajeros, es decir, la línea no sería exclusiva para el tren de carbón.

Estas promesas no han convencido a los cataqueros, quienes señalan, que todas esas obras de las que habla la ANI son un sofisma de distracción para lograr su objetivo, construir una segunda línea férrea.

“Eso nos lo dicen para distraernos, la Nación le quiere poner una trampa al pueblo. Estamos molestos por los  argumentos vacíos que nos dan para no construir la variable. El componente institucional está dividido, una parte está del otro lado de la línea eso imposibilita la atención social”, manifiesta el concejal Mora.

Tanto el Estado como la comunidad deben trabajar articulados para identificar lo más conveniente para el desarrollo social y económico del municipio, sin sobrepasar los beneficios propios de cada uno. “La Nación es sorda y ciega, no mira las condiciones de vida que tenemos, no tiene en cuenta un mejor vivir, si no que mira solo las ventajas de las multinacionales, que saquen su carbón y cumplan con  las metas”, expresa el Presidente del Concejo de Aracataca.

SIN REGALÍAS

Si bien es cierto que la economía del país gira en torno a la exportación del carbón, se debe garantizar la integridad de los cataqueros que nunca han recibido regalías. “No vimos recursos durante años por nuestra contraprestación, recibimos un recurso el año pasado por la orden que emanó el Presidente de girarle directamente a los municipios”, explica el Alcalde Sánchez.

La población cuenta con el respaldo de la Administración Municipal, les da mayor fuerza para continuar su lucha de exigir la salida del tren de la  zona urbana de Aracataca. “Cuando empezó el tren carbonero, solo eran dos locomotoras con 60 vagones, ahora son 4 con más de 120 vagones”, señala José Luís Martínez, presidente del Comité Pro-Defensa de Aracataca.

El tren arrolló un vehículo ocasionándole la muerte a su conductor.

EXPUESTOS AL PELIGRO

Los residentes de la línea férrea son vulnerables al peligro. Según Bladimir Tejeda, exoperario de Fenoco, uno de los peligros inminentes que tiene la población es tener a un kilómetro de distancia el cambio de vía del tren.

“Estos cambios de vía son operados satelitalmente desde Santa Marta. Una falla en el sistema y el tren se volcaría causando una tragedia, en la Estación Lleras en Algarrobo sucedió, por fortuna, las viviendas estaban a un metro de distancia de la línea”, narra Bladimir, quien durante doce años laboró con Fenoco.

Asimismo, el exfuncionario afirma, que Fecono cambió el reglamento operativo del tren. “El tren por la zona urbana debe pasar con una velocidad mínima de 40 km/h, pero aquí se viola, doblándose a 80km/h, esté cargado o vacío”.

Es recomendable que el cambio de vía se ubique en una zona en la que no se comprometa la seguridad de la población por el descarrilamiento del tren.

SIN RESPALDO POLÍTICO

Es común que los congresistas ignoren las problemáticas de los municipios del Magdalena, que solo les interesan en campañas políticas. Aunque la situación complicada sobre el tren ha llegado a los escritorios de algunos funcionarios del Gobierno Nacional, no ha habido gestión alguna para obtener recursos que permitan la construcción de la variable y pueda salir la locomotora de la tierra de ‘Gabo’.

Según el presidente del Concejo de Aracataca, Alejandro Mora, la problemática del tren ha sido manejada por la Nación como un asunto político. Esta actitud del Gobierno Nacional es consecuencia de la carencia de la representación política que tiene el Magdalena, porque sus congresistas no apoyan ante el Estado las iniciativas de los pueblos.

Mientras la clase política y los magdalenenses no se comprometan y tomen conciencia de la importancia de planificar un territorio, de respetar las infraestructuras y no invadir zonas de alto riesgo, el Departamento continuará rezagado. Todos somos responsables del desarrollo de un ente territorial.

 

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