Esto requerimos

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Saúl Alfonso Herrera
El poder, dicen algunos, daña, y por lo que vemos, padecemos y sufrimos, bien podríamos estar de acuerdo; más, cuando pareciéramos un pueblo poco solvente para una verdadera democracia, dadas las malas prácticas, actitudes y proclividad a violar la ley e incurrir en patrañas electorales, que normal y mayormente se ejercen desde el poder y para ser más exactos por parte de quienes escrutan, generando en consecuencia daños que podemos considerar como inconmensurables.
No vemos ya positivos liderazgos, desaparecida está prácticamente la autoridad moral. Tal papel viene en barrena. Está desacreditado. Estudiosos y entendidos de la temática, hablan de liderazgos funcionales, que obtienen resultados al menor precio posible y en beneficio de sus gobernados; y, liderazgos patológicos, que logran sustentar su poder en las debilidades de la ciudadanía (cacicazgos, caudillismos, populismos). Volver por los fueros de la decencia, la moralidad y la pulcritud es empresa que demanda un enorme esfuerzo, así como un total y real compromiso, importando en lo cual, concitar en lo posible el auxilio de los intelectuales, académicos, de personas limpias en verdad que no se hayan enriquecido con el ejercicio de la política sin importar las ocasiones que hayan tenido para hacerlo.
Personas decorosas, probadas que respeten y defiendan la libertad de pensar, creer y obrar. Que procuren siempre la reconciliación en la procura de legitimidades y consensos en beneficio colectivo. Ser algo más que una persona, encarnar una posición de autoridad, responsable de los resultados de su equipo de trabajo. Que sirva, que entienda que a quien aspira a la grandeza, debe estar dispuesto a servir. Ejercer el liderazgo desde el hacer y el ser. Hacerse visible y tangible con acciones. El ser hace parte de la personalidad, Hacer y ser son igual de importantes en un líder. Ser personas con gran sentido humano y grandes habilidades. Con visión compartida. Sin temor a los compromisos. Innovador y sustancialmente confiable.
Nos acerca lo dicho a estructurar una mejor sociedad; esto es, menos inerme, apática, conformista y sí más participativa, deliberativa y activa, que nos hará ser una ciudadanía y comunidad que actuará desde la razón, independientemente que quien llegue a los cargos se ‘crezca’ y se olvide de su papel como servidor público; pero la actuación a conciencia, además de proveernos de autoridad para ‘enjuiciarlos’, es algo que exige nuestra democracia, las generaciones actuales lo demandan y las circunstancias lo reclaman con desespero.

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