Qué hacer con el ELN

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Cecilia López Montaño

El ELN perdió no solo la confianza del gobierno y del presidente Santos, sino del todo el país. El quinto ciclo de conversaciones entre el equipo negociador del gobierno y los representantes de este grupo guerrillero ha sido suspendido y el Presidente ha reiterado su principio: “se combate el terrorismo con toda contundencia como si no hubiese negociación de paz y se negocia como si no hubiese terrorismo”. Esto lo que significa es que, por ahora, la Fuerza Pública debe combatir a los miembros de este grupo guerrillero de manera tajante, decisiva. Solo se reanudarán las conversaciones cuando el ELN demuestre con hechos que está dispuesto al diálogo y deje de causar tantas muertes y tanto dolor.

Realmente es difícil entender qué hay detrás de las actuaciones de estos guerrilleros, parece que solo quieren probar su capacidad de destruir vidas, infraestructura y todo lo que puedan para supuestamente ganar poder de negociación. Adoptaron estrategias de terroristas de la peor calaña y son tan complejos los ataques a los policías de este país que parecen ser el fruto de toda clase de alianzas con otros criminales que buscan venganza de quienes tienen como misión proteger la vida de los ciudadanos.

Sin dudas,  se ha vuelto a oscurecer el panorama nacional ya bastante descompuesto por una campaña política desdibujada que ha llenado de frustración a amplios sectores nacionales. Es el momento de que aquellos sectores que han desestimado el proceso de paz con las Farc, por fin vean la diferencia entre aquellos que dejan las armas para hacer política con los que empeoran cada vez más sus métodos para mostrar poder.

En vez de seguir discutiendo sobre temas cargados de mala fe, es hora de respaldar al gobierno en su fuerte posición en contra del ELN. No quieren negociar, entonces, toca reforzar las estrategias del Estado hasta que logren entender lo que se les ha dicho en todos los tonos y no quieren aceptar: si no dialogan les espera la muerte o la cárcel. Suena muy cruel, pero esas son las posibilidades reales que estos guerrilleros se niegan a creer.

El nuevo equipo negociador con el ELN es también de primer nivel, con Gustavo Bell a la cabeza, pero no ha podido dar un paso adelante, sino que por lo contrario, se han enfrentado no a unos guerrilleros, sino a unos verdaderos terroristas a quienes nada los detiene cuando de sacrificar vidas se trata, en este caso de servidores públicos como son los miembros de la policía.

Si a estos atentados se suma la creciente inseguridad ciudadana, lo único que queda es respaldar al gobierno y a los representantes del presidente para abajo, porque está en sus manos, restaurar el orden. Así mismo, pedirle a esa justicia tan débil y tan poco transparente en su labor, que empiece a reivindicarse con un país muy decepcionado de sus ejecutorias.

No ha empezado el 2018 como se esperaba. Mientras en economía hay esperanzas de una situación un poco mejor a la que se vivió en 2017, no sucede lo mismo con el orden público que toca de manera sensible a todos y a cada uno de los colombianos. Solidaridad con la Policía Nacional es lo primero que debemos expresar. Y consuelo para las familias de las víctimas de estos atentados terroristas.

 

 

 

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