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Internacional

Harina de grillo, un proyecto de alto vuelo

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Dos jóvenes colombianos crearon la empresa ArthroFood, una iniciativa para producir proteína animal a base de este insecto. La compañía representará a Colombia en el Mundial de Emprendimiento.

El consumo de insectos no es una práctica común entre los seres humanos. Es más, con algunas excepciones, este tipo de animales no hace parte de la dieta de la mayoría de los países del mundo.

Sin embargo, Yovanna Andrea Serrato Mahecha, microbióloga industrial bogotana, y Diego Alberto Cruz, biólogo oriundo de Zipaquirá (Cundinamarca), avanzan en un emprendimiento para producir harina de grillo, es decir, proteína animal. Después de dos años de investigación y pruebas en España, constituyeron la empresa ArthroFood, y la marca Crickit.

Su objetivo es volar lejos. El primer salto lo acaban de dar al ser ganadores del Premio Chivas Venture que les dio la oportunidad para representar a Colombia en el Mundial de Emprendimiento que se realizará en Oxford (Reino Unido), en mayo próximo. Esta iniciativa nació en el 2014 en los salones y los laboratorios de la Universidad de Lleida, ubicada en la población de Lérida (España), entre las ciudades de Barcelona y Zaragoza, donde los dos nacientes empresarios colombianos realizaron sendas especializaciones.

El proyecto es producto de un trabajo posdoctoral enfocado en la investigación para el desarrollo tecnológico en la producción de insectos y posterior transformación en harinas para la industria alimentaria.

Se trata de un producto alimenticio saludable, que se convierte en solución para la nutrición de los colombianos.

“Buscamos apoyar a la población víctima del conflicto armado, capacitándola para la producción de los insectos”, dice Cruz.

El modelo diseñado por ArthroFood es sostenible porque, comparado con la producción de carne tradicional, genera 85% menos cantidad de efecto invernadero, poca agua y se realiza en espacios reducidos.

LOS GRILLOS

En términos de reproducción, las dos clases de grillos que se utilizarán existen en varias regiones del país y se multiplican aceleradamente. Son animales fáciles y rápidos de producir.

El proyecto consta de cinco áreas: reproducción, incubación, levante, tratamiento y procesamiento industrial. “Nosotros les entregamos las semillas a nuestros aliados que se van a dedicar a producir grillos. Ellos reciben los insectos cuando están a punto de nacer, que nosotros multiplicamos en un área adecuada para ello”, dice Yovanna.

La producción de campo se hace mediante el montaje de granjas replicables, de bajo costo, que se construyen en dos días. El productor empieza a sacar cosechas de grillos a los dos meses y comienza a recibir dinero por esa producción.

“La capacitación sobre la crianza del insecto la aportamos nosotros, al igual que el insecto y el alimento para los animales, es decir, el concentrado”, señala Cruz. “Nos enfocaremos en madres cabeza de familia, víctimas de la violencia y afrodescendientes”, añade.

Inicialmente recibirán unos $10.500 por kilo de grillo y una granja produce 342 kilos al mes. Al descontar los gastos, resulta que un criadero puede generar alrededor de $1’400.000 mensuales.

PLANTA INDUSTRIAL

La planta industrial estará ubicada en el municipio de La Mesa (Cundinamarca). Allí se realizará todo el proceso, es decir que, por un lado entra el grillo y por el otro sale la harina lista para el consumo humano.

El sacrificio de los animales se produce mediante congelamiento, es decir que no sufren.

Los neófitos empresarios tienen un plan de posicionamiento de la harina, para lograr que la gente valore el producto y entienda que los animales tienen propiedades alimenticias que los humanos podemos aprovechar. En este sentido, la idea es aliarse con comunidades médico-científicas que contribuyan al posicionamiento de la marca Crickit, la proteína que sustituye la carne, y puede ser consumida por niños y adultos de todas las edades.

“Uno de los segmentos de mercado en los que nos vamos a enfocar es el de los deportistas. Ellos requieren alimentarse bien, sanamente y con mucha proteína, pero sin sentir la sensación de llenura que se produce al consumir un gran pedazo de carne tradicional, sostiene Diego Cruz. Una cucharada de polvo Krickit equivale, en proteína, a consumir un huevo de gallina en cualquier preparación”, según argumenta.

La harina es baja en azúcar y grasa, libre de gluten y de un impacto ambiental mínimo.

“Vamos a ofrecer barras de proteína de grillo para deportistas, y la harina o polvo, que se puede consumir en batidos o mezclados en ensaladas y otros alimentos tradicionales”, asegura la pareja de emprendedores.

Krickit es una proteína de fácil digestión que se ofrecerá en el mercado en diversos volúmenes y presentaciones.

Los empresarios creen que a comienzos del 2019 Crickit estará en el mercado. Sin embargo, ya están vendiendo muestras a través de internet que resultan de la producción que hicieron a nivel investigativo, en España.

EDUCAR AL CONSUMIDOR

Lograr que los colombianos consuman harina de grillo no es una tarea fácil debido a que en el país no existe la tradición de incluir insectos en su menú diario.

“Entendemos que este es un trabajo complejo, perola idea es entregarle mucha información a la gente sobre las bondades del producto. Afortunadamente hay una tendencia mundial en favor de este tipo de alimentos”, apunta Yovanna.

Agrega que han recibido muchos correos de chefs interesados en hacer pruebas gastronómicas con la harina de grillo. Nosotros planeamos publicar un libro de recetas con nuestro producto. Ese trabajo lo estamos adelantando con la Universidad de La Sabana”, afirma ella.

MUNDIAL DE OXFORD

La expectativa de los nuevos empresarios Serrato y Cruz es ganar. “Estamos preparándonos para ello y esperamos tener una muy buena figuración en el evento. Es muy claro que nuestra propuesta no solo incluye un valor ambiental, sino social y esto nos ayudará a fortalecer el proyecto.Buscaremos romper paradigmas sobre el consumo de insectos en el mundo”.

Tomado de Portafolio 

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Internacional

Tragedia en EE.UU. por naufragio de barco

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El número de muertos en el naufragio de una embarcación turística en el lago Table Rock de Misuri, Estados Unidos, ascendió a 17, después de que las autoridades encontraran los cuerpos de cuatro personas tras una larga noche de búsqueda.

El alguacil del condado de Stone, Doug Rader, informó a la opinión pública de la nueva cifra de fallecidos y confirmó que otras siete personas resultaron heridas, entre ellas una de gravedad.

Rader aseguró que algunos de los muertos eran niños, sin embargo prefirió no dar más detalles.

La embarcación, un vehículo anfibio, volcó y naufragó en el lago a causa de los fuertes vientos que azotaron el área de Branson (Misuri), desde donde zarpó.

De los 31 pasajeros que se encontraban en la atracción turística en el momento del siniestro, solo 14 lograron ponerse a salvo.

La tormenta “llegó muy rápido”, afirmó Rick Kettels, propietario del Lakeside Resort, un complejo hotelero a orillas del lago.

“He vivido aquí la mayor parte de mi vida y nunca había visto una tormenta así de terrible”, declaró y agregó que el servicio meteorológico regional no había avisado de su inminencia.

En unas imágenes grabadas este jueves por un testigo y que fueron ampliamente difundidas por los medios, se puede ver cómo la embarcación, pocos minutos antes del naufragio, apenas se mantiene a flote ante la embestida de las olas provocadas por la tormenta.

Los anfibios turísticos son réplicas de los vehículos militares DUKW, que pueden circular en tierra y también navegar en agua.

El lago artificial de Table Rock, cerca de la ciudad de Branson, en el sur de Misuri, fronterizo con Arkansas, es muy frecuentado por los turistas en esa zona del país.

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Internacional

Cuba elimina la palabra “comunismo” en su anteproyecto de reforma constitucional

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El régimen cubano se desprende del comunismo. El concepto fue eliminado en el anteproyecto de reforma constitucional, en medio de un proceso de liberalización del modelo económico. El gobierno de Cuba incluye en el nuevo texto el reconocimiento de la propiedad privada y explicita que el socialismo es política de estado

La carta vigente desde 1976 incluye en su artículo quinto el objetivo del “avance hacia la sociedad comunista”. Con la reforma desaparece. “No quiere decir que renunciemos a nuestras ideas, sino que en nuestra visión pensamos en un país socialista, soberano, independiente”, dijo el presidente de la Asamblea Nacional, Esteban Lazo.

El parlamento unicameral cubano abrió este sábado una sesión que se extiende hasta el lunes, donde los diputados debatirán el texto de la reforma para que luego se someta a una consulta popular. El anteproyecto, según Granma, “ratifica el carácter socialista de la Revolución y el papel rector del Partido” y la “irrevocabilidad del modelo”.

El gobierno comenzó la remodelación del modelo económico en 2011 con los llamados Lineamientos de la Política Económica y Social del VI Congreso del Partido Comunista de Cuba. Los 313 puntos del documento plasmaban la orden de Raúl Castro de iniciar un viraje del sistema que permitiese dinamizar la economía.

 

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Internacional

Bebé hondureño que compareció en corte de EEUU vuelve a casa

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Un bebé que se volvió emblemático de la política del gobierno de Estados Unidos de separar a los inmigrantes de sus hijos se reunió por el fin el viernes con sus padres, cinco meses después que fue separado de ellos en la frontera estadounidense.

Johan Bueso Montecinos llegó en avión a San Pedro Sula, pero en un principio no reconoció a sus padres.

“Cuando le hablaba ‘Johan, Johan’… se ponía a llorar”, dijo su madre, Adalicia Montecinos, ante lo cual rompió en llanto. “Él sufrió todo lo que yo he sufrido”.

Sin embargo, luego de un rato su padre se lo ganó jugando pelota. En cuestión de una hora, el pequeño sonreía mientras ambos padres lo besaban afuera de un centro donde terminaron de llenar algunos formularios para luego dirigirse a casa.

Así concluyó la extraordinaria travesía de Johan, un bebé cuya corta vida ha pasado por la pobreza de Honduras, un desesperado cruce por la frontera sur de Estados Unidos y la primera plana de los diarios del mundo.

Adalicia dijo sentirse feliz de tener de vuelta a su hijo de 15 meses, pero también está enojada porque se lo quitaron largo tiempo.

Capturado por agentes de la Patrulla Fronteriza casi al momento de su llegada, el padre de Johan fue deportado, y el pequeño de 10 meses permaneció en un albergue en Arizona bajo el cuidado del gobierno estadounidense. En los cinco meses que siguieron, dio sus primeros pasos, pronunció sus primeras palabras y celebró su primer cumpleaños. Sus padres, a cientos de kilómetros de distancia, se lo perdieron todo.

La última vez que lo habían visto tenía dos dientecillos. Ahora su dentadura está completa.

A principios de julio, Johan compareció ante un juez de inmigración. Un reporte de The Associated Press de ese suceso _la ofuscación del juez sobre cómo lidiar con el pequeño detenido en pañales que se alimentaba con un biberón_ causó indignación internacional porque personificaba la política del gobierno de Donald Trump de separar a niños inmigrantes de sus padres.

“Nunca pensé que fueran tan crueles,” dijo su padre, Rolando Antonio Bueso Castillo, de 37 años.

Rolando pensó que su plan era hermoso. Escaparía de su dura vida en el pequeño pueblo de Libertad. Sus hijos no crecerían bajo la misma pobreza que él tuvo que soportar cuando dejó la escuela en cuarto de primaria para vender burritos y ayudar a su madre soltera a mantenerlo a él y a sus cuatro hermanos.

Hace siete años, su hermano menor dejó las montañas productoras de café en el centro de Honduras para ir a Estados Unidos, y salió adelante en Maryland con su esposa e hijos. Su hermana lo siguió y también le fue bien. El hermano mayor murió en un tiroteo desde un auto en movimiento en San Pedro Sula, una de las ciudades más peligrosas en Latinoamérica.

Rolando se quedó atrás con su esposa y la hermana discapacitada de él, de 35 años, en su casa rosa, de dos recámaras, piso de cemento y techo de lámina. Ganaba 10 dólares al día conduciendo un autobús; su hermano en Estados Unidos enviaba cientos de dólares para ayudar.

Rolando, un hombre de buen trato y trabajador que no permanece quieto por mucho tiempo, era consciente de los peligros de atravesar México. Muchos centroamericanos han muerto al subir a los trenes, o son extorsionados por la policía, o secuestrados, asaltados, asesinados en su camino a Estados Unidos.

Le pagó a un traficante 6.000 dólares, dinero que su hermano le envió. Se suponía que todo estaba incluido: noches en hotel, tres comidas diarias y transporte en una camioneta SUV con otras dos madres y tres niños hasta la frontera de Estados Unidos. Empacó ropa para el bebé, una cobijita azul y blanca, crema, 50 pañales, dos biberones y latas de fórmula.

Su esposa, en el primer trimestre de embarazo, se quedaría atrás, trabajando en su puesto de mercado en el que vende gorras de béisbol Nike, camisetas con estampados de “California Dreaming” y joyería. En Maryland, su familia ayudaría a cuidar a Johan mientras Rolando trabajaba. Adalicia se reuniría con ellos a los pocos meses.

Padre e hijo llegaron hasta Tampico, en México, a 500 kilómetros (300 millas) de la frontera con Texas, cuando su plan comenzó a derrumbarse.

El “coyote” los condujo a una bodega en la ciudad portuaria y les pidió que permanecieran en un tráiler junto con otros padres y niños de Honduras, Guatemala, El Salvador y Perú.

Rolando y su hijo pasaron tres días encerrados en el tráiler, temblando a causa de la brisa fría proveniente de una máquina ruidosa que, les dijeron, les proporcionaría aire para respirar. Utilizaban baldes como excusados.

Mientras otros niños lloraban, el hijo de Rolando estaba sentado a su lado en silencio, recuerda el padre. Se acurrucaron en la oscuridad; bajo la luz de una linterna, cambiaba sus pañales.

“Nos llevaron como carne, pero ya no es uno el que va a decidir. Tuvimos que hacer lo que nos dijeron”, dijo Rolando.

En la ciudad fronteriza de Reynosa, aún en México, subieron a una balsa improvisada y cruzaron el río Grande o el río Bravo, como se le conoce en el lado mexicano. Caminaron arduamente entre la maleza de Texas. Lo habían logrado.

Pero minutos después, un agente de la Patrulla Fronteriza los vio. “¿A dónde van?”, dijo el agente. La respuesta de Rolando fue sencilla y sincera: “Vamos a buscar el sueño americano”.

El agente le dijo que los llevaría a un centro de detención y, aun entonces, Rolando no dudaba de su plan. Se imaginó que una vez que fuera procesado, lo liberarían con su hijo para llevar su caso a las cortes. En el peor escenario, serían deportados juntos a Honduras.

Dentro de una celda acordonada con una valla metálica, durmieron sobre un colchón bajo una delgada manta isotérmica que les entregaron.

Rolando dijo que tuvo que pedir durante tres días que le permitieran duchar a Johan.

“Estaba cubierto de polvo”, señaló.

En el quinto día, agentes de inmigración le dijeron que debían llevarlo a una oficina para interrogarlo. Uno de los agentes le quitó a Johan de los brazos. Mientras se alejaban, el bebé volteó y levantó los brazos hacia su padre.

Sería la última vez que se verían en cinco meses.

Los agentes le dijeron a Rolando que lo iban a separar del niño y deportarlo a Honduras porque era la cuarta ocasión que intentaba ingresar a Estados Unidos. En las cuatro fue capturado casi de inmediato.

“Eso es criminal”, le dijo uno de los agentes.

“Un criminal es alguien que mata, que roba, que hace daño a la gente. Yo nada más quiero trabajar y dar oportunidades a mis hijos”, afirmó Rolando.

Rolando pasó 22 días encerrado en diversos centros de detención a lo largo de la frontera de Texas. No sabía nada de su hijo.

No tenía dinero para llamarle a su esposa y decirle lo que había ocurrido. Fue una trabajadora social del albergue de Arizona donde estaba Johan quien la contactó y le preguntó si ella era su madre. Le dijo que enviara su acta de nacimiento y otros documentos para probarlo.

Adalicia no podía creer que fuera cierto, y aguardó a tener noticias de su esposo. Cinco días después, otro detenido le prestó dinero para que él le pudiera llamar.

“Enana, soy yo”, dijo Rolando.

“¿Qué pasó? ¿Dónde está el niño?”, preguntó la mujer, llorando.

Rolando se quebró.

“No sé qué pasó. Me lo quitaron pero todo va a estar bien”, respondió.

“¿Cómo?”, gritó ella. “¿Cuándo lo voy a volver a ver?”.

Ella se sentía muy sola. Se despertaba para buscar a su bebé y volvía a recordar lo que había pasado. Miraba videos de Johan una y otra vez en los que pateaba y sonreía, reía con su papá y miraba a la cámara.

Cuando Rolando llegó a Honduras en abril, se sorprendió al ver lo delgada que estaba su esposa: había perdido 9 kilos (20 libras) y a su médico le preocupaba que pudiera perder el bebé. Lo primero que dijo cuando vio a su marido fue: “¿Dónde está el niño?”.

Rolando le explicó que en un principio las autoridades migratorias le dijeron que los dos serían deportados juntos, por lo que accedió a irse. Luego le dijeron que su hijo sería enviado en dos semanas. Pero pasaron meses.

Rolando llamó a abogados, al consulado hondureño y a las autoridades estadounidenses para averiguar cuándo regresaría su hijo a casa.

La trabajadora social en Estados Unidos comenzó a enviar videos cada semana y a efectuar videollamadas. En un principio Johan se estiraba para tocar a su madre, como si quisiera abrazarla a través de la pantalla. Pero a medida que el tiempo pasaba, se distanció.

Adalicia pensó que se estaba olvidando de ella.

Los padres del niño se enteraron que dio sus primeros pasos por la trabajadora social, que también les envió un video de él en su primer cumpleaños, en el que despertó y se puso a llorar. Por la noticia que dio la AP sobre la presentación de Johan ante un juez se enteraron que había empezado a hablar.

“Nunca voy a ver sus primeros pasos, no voy a volver a estar con él en su primer cumpleaños”, dijo Adalicia, con la voz entrecortada. “Es lo que perdí. Son memorias que uno como mamá aprecia y recuerda para recontar a sus hijos por muchos años”.

En la audiencia, Johan pidió agua repetidas veces. En un momento dado, se sacó los zapatos y se puso de pie en calcetines.

El juez John W. Richardson difícilmente podía contener su malestar al tener que preguntarle al abogado del niño si su cliente comprendía lo que estaba pasando.

“Me avergüenza preguntarlo, porque no sé a quién se lo explicaría usted, a menos que crea que un niño de 1 año pudiera aprender las leyes de inmigración”, le dijo al abogado.

A la larga, a Johan le fue concedida una orden de salida voluntaria con la que el gobierno autorizaba enviarlo por avión a Honduras, de vuelta a la casa rosa con siete gallinas que picotean el piso de tierra en el exterior, con la estufa de leña al aire libre y la tarja de cemento llena de agua que se usa para vaciar el retrete.

El padre que lo esperaba el viernes estaba abrumado por el sentimiento de culpa debido al fracaso catastrófico de su plan. Algún día cree que su hijo le preguntará qué ocurrió, y por qué lo dejó en Estados Unidos.

“Le diré la verdad”, señaló. “Pensábamos que teníamos un buen plan para darle una vida mejor”.

¿Rolando diseñará otro plan más para irse a Estados Unidos? Sólo dice que es un luchador y que trabajará duro para sobrevivir, como siempre lo ha hecho.

Pero sabe que su vida y la de su familia nunca volverán a ser igual.

“Me han golpeado algo adentro de mí”, afirmó. “El niño no tiene la culpa. ¿Por qué tiene que estar castigado?”

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