Luces, Cámara y Debates Presidenciales

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Alfredo Pertuz

 La contienda electoral se agudiza por cuenta de los debates televisados. Con más premura que preparación, las universidades, los canales regionales y las emisoras se disponen a ofrecer la transmisión de un espectáculo vergonzoso, que rotulan como  ‘debate’.

La historia electoral en Colombia dicta que desde que los debates presidenciales se transmiten, estos solo han incidido levemente en la decisión final del electorado; al día de hoy no hay ningún mandato presidencial justificado en un acierto en un debate o una pérdida en un desatino.

Sin embargo, ante el panorama de intensidad y polarización del escenario político, ha cobrado cierta importancia esta serie de eventos y su transmisión, no con el enfoque que debiera tener, que no es otro que la puesta en conocimiento de la plataforma propositiva de los candidatos a sus electores en un ambiente dinámico, sino como el quijotesco espectáculo en el que triunfa la descalificación y el chisme por encima de la claridad, eficiencia y viabilidad de las propuestas.

El pueblo, guiado por un perverso contexto de redes sociales atestadas de idioteces y medios de comunicación tendenciosos, intenta maximizar el valor de estos debates, imprimiéndoles bondades que evidentemente no tienen. La naturaleza de los debates es puntualmente discursiva, en ellos se evalúa la solvencia del candidato a la hora de exponer sus propuestas y de manera tenue las calidades de las mismas, por tanto, son ineficaces a la hora de medir las capacidades totales de los presidenciables, a menos de que estos desarrollen habilidades de superhéroes que les permitan exponer un tema a profundidad en 60 segundos.

Y es que intentar medir las habilidades de los pretendientes a la Presidencia de la Republica, bajo el hostigamiento de preguntas que deben ser resueltas bajo el filo de “lo políticamente correcto”, termina siendo un criterio inocuo para determinar la idoneidad de los aspirantes.

Ante este panorama de distorsión, de por sí ya desafortunado, se suma la creencia popular de que entre mayor divulgación se haga de los debates, se creará una especie de consentimiento informado, que preparará al elector para decantarse por la mejor opción, a lo que desde esta humilde columna de opinión les digo: No lo olviden, cada palabra dicha en estos eventos tiene más intención, que verdad…

 

 

 

 

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