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Opinión

Periodistas por naturaleza

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Por: Luis Gilberto Murillo, ministro de Ambiente.

 

Verdad, precisión, independencia, equidad, imparcialidad y humanidad son  algunos de los principios del periodismo, que permiten una labor oportuna y ética que cada vez está más relacionada con el desarrollo de los países.

Hoy  9 de febrero, Día del Periodista, quiero resaltar el papel fundamental de quienes a través de esta profesión han logrado que lo ambiental se abra espacio en la agenda nacional. No solo el aumento en la demanda de información sobre temas ambientales a todo nivel, sino además la necesidad de que la comunicación vaya en sintonía con las necesidades del país, le han ganado un lugar a esta noble actividad.

Temas como el del cambio climático, la Amazonía, la gran riqueza natural del país cada vez son más frecuentes en las publicaciones de los medios de comunicación y en las redes sociales, donde expertos, ambientalistas y la población en general expresan abiertamente sus opiniones y preocupaciones sobre temas ambientales.

Hoy gracias al periodismo es posible conocer e informarse de fenómenos naturales, nuevos movimientos ambientales e iniciativas que propenden por la conservación de los recursos naturales. Mantener informada a la sociedad sobre estos temas tiene mucha más trascendencia de lo que se ve a simple vista.

Nunca, como hoy, el periodismo se había convertido en el camino más eficaz para la defensa de lo ambiental, dada su transversalidad con otros temas de importancia para el desarrollo y sostenibilidad del país, como la economía, la política y lo social, de ahí la importancia de informar basados en argumentos ciertos.

Colombia hoy es un referente ambiental ante el mundo. Internacionalmente ya se reconocen nuestros esfuerzos y logros en conservación de la biodiversidad y esto, gracias, entre otros aspectos, a la divulgación de nuestros avances como país en esta materia.

“Ser periodista es tener el privilegio de cambiar algo todos los días“, estas palabras de nuestro nobel de literatura, Gabriel García Márquez, reconocen el valor que recobra el ejercicio periodístico a la hora de cambiar imaginarios o de influenciar el cambio de comportamientos, de generar conciencia, de velar por la transparencia de lo público.

Gracias al ejercicio periodístico los colombianos  conocemos de la riqueza natural de nuestro territorio y las problemáticas que  afectan su estabilidad  y que sirven de instrumento a la hora de tomar decisiones.

Hoy mi reconocimiento en esta fecha es para todos ustedes que día a día viven el periodismo con pasión y compromiso, aquellos que van más allá y dedican su tiempo a investigar y denunciar en favor de la naturaleza y el medio ambiente, aquellos que emprenden una aventura llena de retos, desafíos e historias que acercan a la sociedad a la riqueza natural del país. Quienes día a día aportan a esta construcción colectiva que es la agenda ambiental de Colombia y que con la implementación del Acuerdo de Paz, nos permite llegar a sitios donde antes no teníamos acceso, lugares donde se han identificado nuevas especies para la ciencia y que nos ha permitido ubicarnos como uno de los países más biodiversos del mundo.

A todos los periodistas que a través de sus textos, notas en radio, televisión e internet contribuyen con la construcción de un nuevo país dónde los activos ambientales están en el centro del debate nacional: Gracias.

Gracias porque a través de ustedes estamos sembrando las semillas de la paz y de la protección de nuestro patrimonio natural en millones de colombianos que vendrán después de nosotros a recibir el legado de un país renacido y próspero.

Feliz día para todos y gracias por ser periodistas por y para la Naturaleza.

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Opinión

GABINETE: COMO VAMOS

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Cecilia López Montaño

 

Con los dos últimos nombramientos en Educación y Medio Ambiente falta muy pocos para que quede definido el gabinete del presidente electo. Uno clave es el del Ministro de Defensa y de verdad preocupa a muchos la posibilidad de que sea el presidente de FENALCO, uribista pura sangre y se teme que sea de mano dura. Sin duda hay nombres de profesionales serios, inteligentes y reconocidos además por sus posiciones de derecha, como era de esperarse.

Min Hacienda identificado plenamente por su trayectoria y por sus posiciones claras también se reconoce como un hombre muy preparado e inteligente y esperamos que escuche a los que no somos de su línea. Tranquiliza la Directora del DNP porque tiene formación del Banco de la República y en Minhacienda.  Aunque siempre es mejor que quien llegue a esa posición no se intimide con los ministros porque su tarea es negociar con ellos, esperamos que la experiencia de la nueva directora como Vice-Contralora, le haya dado esa difícil capacidad negociadora. En general, puede afirmarse que hasta ahora son más técnicos que políticos y con buen nivel.

Sin embargo, algo sí preocupa a muchos y es el excesivo peso de los gremios en el gabinete. Entre otras, porque con los documentos presentados por el Consejo Gremial es evidente que el modelo de desarrollo que impulsan no es necesariamente el que cambiaría los profundos defectos de nuestro crecimiento económico actual. Hasta donde, esos ministros que vienen de la ANDI, como el de Medio Ambiente;  de la telefonía celular como la de Gobierno, el de Agricultura que viene de Fenavi, al que puede agregársele el de Gobierno que proviene de Fenalco, pueden impulsar equidad, solidaridad, descentralización, participación ciudadana, entre otras, es la pregunta del millón.  Ojalá el nombre anunciado en Salud sea cierto porque el candidato tiene no solo las cualidades de los demás, pero sin el problema de los ya mencionados. También preocupa el uribismo radical de muchos que tendrán un peso muy grande en las decisiones y para los 8 millones de colombianos que no creemos en su manera de manejar el país, tanto pura sangre, no es una buena noticia.

Ojalá el presidente electo piense muy bien a quien pone en Defensa y en Cultura. Se necesita en el primero alguien ponderado y no un guerrerista y en el segundo, alguien que sepa del tema después de 8 años de la señora Garcés cuya labor se reconoce. No más improvisaciones en esta área tan subvaluada en Colombia, pero tan crítica en estos momentos del país.

Es bueno que el presidente electo sepa que la Región Caribe está muy molesta porque hasta ahora no hay ningún costeño en el gabinete y hay demasiado bogotanos y cachacos en general. Claro que en esa parte del país a Petro le fue mejor que al uribismo con algunas excepciones, pero esta no debería ser una razón válida para excluir a su profesionales, mujeres y hombres, que también son muy valiosos.

Obviamente se requiere esperar hasta que se complete la nómina para dar un análisis más completo y es muy posible que los otros nombres que faltan se conozcan dentro de muy poco, antes del 20 de julio, cuando se posesiona el nuevo Congreso de la República.

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Opinión

¡Un exabrupto!

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No se puede pretender comer carne y seguir tomando lechede la misma vaca!

El doctor Jorge Humberto Botero, ex ministro de Comercio y actual Presidente de Fasecolda levantó una polvareda con el dislate de su propuesta de privatizar a Ecopetrol, la joya de la corona del Estado colombiano. Sus argumentos para proponer la venta del 88.5 % de las acciones de la Nación son traídos de los cabellos y a los colombianos les quedó la sensación de que esa película ya la habían visto.

Recordemos que la venta de Isagen se dio por descarte, en concepto del Ministro de Hacienda Mauricio Cárdenas la rentabilidad sobre la inversión de Ecopetrol era de 6.7 % mientras que la de Isagen era de 2.4 %. Además, “la rentabilidad sobre patrimonio que en 2012 para Isagen fue de 13 % y en Ecopetrol de 22 %.

Para concluir, axiomáticamente, que era más rentable invertir el producido de la venta de Isagen en la modernización de la infraestructura de transporte. De esta manera, estaríamos cambiando un activo energético por dobles calzadas. Después, se supo que los $5.8 billones que recibió la Nación por la venta de Isagen no se invirtieron en el programa de modernización vial, como se había dicho, sino que sirvieron para capitalizar a la Financiera de Desarrollo Nacional (FDN). Como lo manifestó su presidente Clemente del Valle, dicha capitalización permitió “ampliar la capacidad de financiación, tanto en número de proyectos a financiar, como en el monto individual que se puede comprometer por proyecto”. Es decir, que la Nación sale en auxilio de los concesionarios de las vías de cuarta generación (4G), apalancándolos para el cierre financiero de los proyectos. Como blo acotó en su momento la Contraloría General, dichos recursos “serían otorgados a los inversionistas privados (léase concesionarios) con unas condiciones de crédito flexible.

”Además de advertir el riesgo de cambiar “un activo productivo” por otro “que tiene una rentabilidad difícil de cuantificar”. El Presidente de Fasecolda nos viene con una propuesta similar, dice él que “no se trata de cambiar los mecanismos de obra pública, sino de generar recursos de financiamiento y de capital en los proyectos que deben ser recuperados por la Financiera de Desarrollo Nacional en el mediano y largo plazo”. Más de lo mismo, apoyándose en el sofisma de que “es obvio que es mucho más interesante, por los impactos sociales y económicos que genera, tener los recursos en vías que tenerlos en Ecopetrol”.

Su planteamiento solo se diferencia en que propone constituir un Fondo en el exterior, el cual trasvasaría el 50 % de los recursos a la FDN, para, digámoslo sin rodeos, financiar a los privados y con el “flujo de ingreso” generado por el rendimiento del otro 50 %, según él, se supliría los ingresos que hoy recibe la Nación por concepto de dividendos. Y no estamos hablando de naderías, pues la Nación ha venido recibiendo en promedio una suma que se aproxima a los $7.5 billones anuales. Según las cuentas de la lechera del exministro, “estimacionespreliminares realizadaspor Fasecolda dan cuenta de que el valor de Ecopetrol puede estar entre130 y 150 billones de pesos corrientes”.

Y añade que,al cabo de los diez años “se habrían trasladado cerca de 83 billones de 2018 al Gobierno para cumplir la regla fiscal y 81 billones para infraestructura haciendo uso de los 150 billones de la venta y 16 billones de rendimientos a lo largo del tiempo, suponiendo un rendimiento anual del 2 por ciento”11. Y recordemos que, según el Ministro Cárdenas “la rentabilidad sobre la inversión de Ecopetrol era de 6.7 %” (¡!)12. Ahora, con el socorrido argumento de que “la inversión en infraestructura tiene una buena rentabilidad social y económica, no sólo rentabilidad financiera”, Botero nos invita a “dar un ‘salto de canguro’ para volver a las tasas de crecimiento de antes” con su propuesta, pasando por alto que las mayores tasas de crecimiento del PIB “de antes” respondieron al argo ciclo de precios altos del petróleo, el carbón el oro y el ferroníquel, que se prolongó hasta mediados de 2014.

El hecho de que el crecimiento potencial de la economía haya pasado del n4.5 % al 3.5 % y de que lleva tres años creciendo por debajo del mismo, sólo bdemuestra su enorme dependencia de la actividad extractiva y nada más. Y no va a crecer más, como por arte de birlibirloque, vendiendo a Ecopetrol. Ello es una falacia, pues bien se sabe, como lo dice el refranero popular: “lo que por agua viene por agua se va”, de allí la urgencia de la diversificación de la economía, esta es la verdadera tabla de salvación de un crecimiento mayor y sostenido. Según el exministro, “hay que seguir
el ejemplo de Noruega que ha podido baprovechar sus recursos naturales y promover bel desarrollo económico de largo plazo” y resulta que Noruega mantiene el control sobre su empresa petrolera Statoil y, hasta donde sabemos, no se les ha pasado por la cabeza venderla. A contrario sensu de lo que dijo el exministro, “que la propuesta no puede ser más oportuna”, considero que no pudo ser más impertinente y, para utilizar el lenguaje futbolístico en boga, fuera de lugar. Como lo sostiene el columnista Gonzalo Hernández, “la propuesta de Botero viene con un argumento falso cuando amarra la exposición fiscal del país a los precios del petróleo con el carácter público de Ecopetrol”.

En su lugar, él plantea que “Colombia podría ya activar un fondo de estabilización npetrolera, que funcione, que absorba los vaivenes del precio del petróleo, y que evite que el gasto público sea procíclico frente a los ingresos petroleros. Eso es lo que hace Noruega. Y nada tiene que ver la estabilización de precios con la privatización de la empresa”. A este respecto solo tengo que hacer una observación, Colombia contó con el Fondo de Ahorro y Estabilización Petrolera (Faep), creado mediante la Ley 209 de 1995, pero tuvo un mal fin. Nos lo recuerda el exministro de Hacienda y nuevo Ministro de esa misma cartera, a partir de este 7 de agosto nos recuerda que “en septiembre de 2002, tras seis años de las vacas flacas de la historia reciente, nel Faep había subido a 1.6 % del PIB, su máximo nivel histórico…Entre septiembre de 2002 y diciembre de 2009, finalmente, época de vacas gordas, el Faep cayó en 1.2 puntos del PIB”, es decir, se esfumaron esos recursos, se los feriaron en la época de las vacas gordas, por eso cuando desde mediados de 2014 se dio la destorcida de los precios y sobrevino la época de las vacas flacas, empezamos a saltar matones. Ese fue un error que no se puede enmendar con otro error garrafal, como sería la venta de Ecopetrol. Según Fasecolda, el Gobierno debería seguir las prácticas internacionales y “dejar al sector privado la realización de la producción de bienes y servicios, salvo en aquellas circunstancias en las que existan fallas de mercado”. Pero con esta frase solo se busca embaucar a los incautos y tratar de justificar semejante exabrupto, como lo es tratar de vender, a tontas y a locas, el principal activo con el que cuenta la Nación con el espejismo de cambiar un activo por otro activo.

 

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Opinión

Vida, seguridad, justicia

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Con algo de razón se dijo en su momento, que las tres elecciones adelantadas este año transcurrieron en absoluta paz gracias a los acuerdos de La Habana, hecho evidentemente positivo.

La afirmación era cierta solo de manera parcial. Porque, en verdad, durante 50 y más años de confrontación armada con las Farc fue posible realizar todos los procesos electorales para renovar Congreso y Ejecutivo.

En algunos de ellos, la subversión armada hizo escaramuzas en regiones apartadas –como quema de tarjetones, intimidación a los electores o traslado de puestos de votación de las veredas a las cabeceras municipales por presión de la guerrilla–, pero, nunca con riesgo para las elecciones.

Paradójicamente, la expresión más grave de tentativa de alteración no fue de una elección, sino de su consecuencia: se dio en el 2002, cuando las Farc atacaron con morteros el centro de Bogotá, con saldo trágico, para impedir la posesión de Uribe. Y en el pasado hubo otros casos de perturbación, no atribuibles a la subversión, como el cierre por 10 años del Congreso en el gobierno de Ospina o la candidatura única y elección de Laureano Gómez en 1950, por falta de garantías para el partido Liberal.

Con todo, nadie podrá negar que estas elecciones fueron más tranquilas que todas las anteriores, gracias al proceso de paz. Pero, tampoco puede decirse que el país está en paz. Basta leer la prensa del fin de semana acerca del asesinato de centenares de líderes sociales, dirigentes cívicos, reclamantes de tierras, desmovilizados, desarmados de las Farc y ciudadanos inermes, para concluir que esta verdad no se puede ignorar, ni son válidas las repetidas explicaciones que pretenden negar lo evidente al atribuir semejante horror a problemas de linderos o de amoríos.

Si la peor manera de resolver un problema es ignorarlo, está claro que hoy no se trata, como se repite con cierto cinismo, de ‘casos aislados’ ni del socorrido ‘ajuste de cuentas’.
¡Como si el Estado pudiera desestimar los crímenes entre particulares!

La principal razón de ser del Estado, consagrada en la Constitución, es la protección de la vida, honra y bienes de los asociados, independientemente de sus convicciones políticas,
religiosas, su orientación sexual e, incluso, de si, desarmados, han violado la ley.

No nos digamos mentiras. Hay una peligrosa tendencia a repetir lo ocurrido con la Unión Patriótica entre los años 80 y 90, cuando sectores del Estado y la sociedad callaban, mientras los crímenes se atribuían a ‘fuerzas oscuras’. Ahora se achacan a las ‘bacrim’, las disidencias de las Farc, el
‘clan del Golfo’ o el ELN.

No hay justificación. Es la seguridad del Estado la que debe impedir que eso ocurra. Hoy obran diferencias notables: no existe la misma tolerancia, como se demuestra por la ‘velatón’.

Cierto que el Estado ha hecho ingentes esfuerzos de protección individual a los líderes sociales, que no se hicieron en el pasado, como lo explicó Diego Mora, eficiente director de la Unidad de Protección. Y que no se dan casos como el del exministro Low Murtra, a quien, después de haber combatido valientemente el narcotráfico, el gobierno Gaviria no le permitió permanecer en una embajada y a su regreso, solo e indefenso, fue asesinado al salir de una universidad, como lo narra la escritora Olga GonzálezReyes (El caso Low Murtra, Ed. Planeta, 1994, páginas 17 y 193).

Y como no puede haber protecciónindividual para todos los amenazados o personas en situación de riesgo, la solución es la seguridad, la justicia y la no impunidad. El Estado falló al no recuperar el territorio –y no solo por la vía militar– en las zonas donde operaban las Farc.

Recuperar el monopolio del uso legítimo de las armas por el Estado es la tarea fundamental. Y, obviamente, combatir el narcotráfico, la minería ilegal, la delincuencia organizada en general. Pero los asesinos deben saber que la justicia actúa para impedir impunidad.

Si el Estado no asume en serio la tarea sin recurrir a fórmulas ya fracasadas, sería, esa sí, la mejor forma de volver ‘trizas’ los acuerdos de paz.

 

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